La mujer como clase social: cuando el capitalismo se disfraza de marxismo

CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.- Abril de 2021 “Económica y socialmente, las mujeres de las clases explotadoras no son un sector independiente de la población. Su única función social es la de ser instrumentos para la reproducción natural de las clases dominantes… Las mujeres de la burguesía… son los parásitos de los parásitos del cuerpo social”. […]

La mujer como clase social: cuando el capitalismo se disfraza de marxismo

EL MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL – CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

En: Revista Mexicana de Sociología. México. IIS-UNAM, Año XLVIII/Num. 1. Enero-marzo 1986. pp- 5-85.

“[…] al igual que cualquier otro modo determinado de producción presupone, como condición histórica suya, una fase dada de las fuerzas productivas sociales y de sus formas de desarrollo […] (y) […] las relaciones de producción correspondientes a ese modo de producción especifico e históricamente determinado […]”

Carlos Marx, El Capital.

I

Cuando Marx, en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política trata de realizar una apreciación global de la línea de desarrollo económico de las sociedades humanas nos dice: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresivas de la formación económica de la sociedad” (cfr., Marx, 1980a:5).

El problema que aquí se plantea —y que ha dado lugar a todo tipo de malas interpretaciones y de largas polémicas— no es el problema de las etapas obligadas que la humanidad debe o ha debido recorrer en su progresiva evolución, sino solamente —¡solamente!— el de aquellas figuras económicas que, en términos reales, han representado pasos cualitativos específicos hacia niveles superiores de desarrollo de la base económica general de la sociedad.

La idea que Marx tiene en mente en esta afirmación, se refiere a la cuestión de cómo la humanidad se crea su base económica propia, esto es, cómo alcanza a desarrollar sus distintas potencias y capacidades económico-productivas, hasta lograr dominar a la naturaleza y forjar entonces la base material adecuada del verdadero mundo humano, de la verdadera historia del hombre o “reino de la libertad”[1] Por eso, si en la esfera económica de lo que se trata es de vencer el predominio de la naturaleza y de conquistar la plataforma material correspondiente a la “verdadera vida social” (Marx, 1976: t. 1, p. 89), entonces todas aquellas formas económicas o modos de producción que impliquen un salto cualitativo esencial de las destrezas y poderes productivos humanos, tendrán que ser concebidos como “etapas progresivas”, como escalones ascendentes en el proceso de formación de la base económica de la sociedad.

De aquí, evidentemente, no se desprende ninguna ley obligada del curso concreto del progreso histórico para todos los pueblos. Esas etapas progresivas no son las etapas necesarias e ineludibles de los distintos grupos humanos, sino las vías reales que una parte de la humanidad —o un conjunto abstraído de sus “partes”— ha podido recorrer en su continuado esfuerzo por desarrollar las fuerzas materiales y las relaciones económicas cada vez más potenciadas y complejas frente a la naturaleza y para los mismos hombres. Marx es muy claro en este punto, cuando en su carta a la redacción del periódico ruso Otiechestviennie Zapiski de fines de 1877, condena la idea de que él ha construido “[…] una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ellos concurran” y critica este modo de abordar la historia, ironizando sobre el uso de una “[…] clave universal de una teoría general de filosofía de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica” (véase la carta en Marx y Engels, 1980a:62-65).

Esto no nos lleva, sin embargo, a negar todo sentido general de la evolución histórica. Aunque no hay una ley forzosa de sucesión de etapas dentro de los recorridos concretos de los pueblos humanos, sí hay una sola tendencia general que anima, en el plano económico, las diversas rutas establecidas por la marcha peculiar de los grupos sociales: en la esfera de la economía, toda sociedad tiende siempre a potenciar y enriquecer sus propias fuerzas productivas —si bien con énfasis distintos, con ritmos diferenciados, con jerarquías particulares— acrecentando así sus medios de enfrentar a la naturaleza y de utilizarla para sus propios fines. Se trata siempre, pues, de consolidar y ensanchar la fuerza y el impacto de la propia base económica frente a lo natural. Pero los modos concretos de actualizarse esta tendencia general difieren obviamente según las condiciones histórico-geográficas, la tradición histórica previa, las migraciones, fusiones y contactos específicos, la adaptabilidad y ritmo peculiares del desarrollo, en suma, según las peculiaridades histórico-concretas de cada uno de los pueblos.[2]

Por eso, el párrafo inicial que aquí comentamos sobre las etapas progresivas de la formación económica de la sociedad, lejos de ser una teoría general de las etapas necesarias de la evolución humana en su conjunto, es sólo la enumeración analítica de los peculiares y distintos modos de producción que en los diversos momentos históricos representaron los grandes jalones del avance de las sociedades en la conquista de su base económica propia y en el desarrollo progresivo de sus fuerzas productivas en general y materiales en particular.

Ahora bien, ¿por qué modos de producción y no formas de sociedad o sociedades en general? Porque se trata de escalas graduadas y progresivas en la conformación y ensanchamiento del nivel o plano económico de la sociedad, y no de la evolución social integral misma. Y también, como se plantea igualmente en el Prólogo de 1859, porque durante esta fase de nuestra prehistoria humana, el nivel económico tiene, respecto de las otras esferas de la actividad social humana, un carácter privilegiado o recentrador claramente establecido.

Marx dice entonces modo de producción asiático, antiguo, feudal o burgués moderno, y piensa literalmente en diversas maneras de producir de los hombres, en distintas formas concretas, técnicas y sociales, de llevar a cabo el acto productivo. Porque ¿qué es en sentido estricto ese “modo de producción de la vida material” de que se habla en el Prólogo citado? Modo do producción es modalidad o manera concreta y particular de llevar a cabo la actividad de la producción, producción que es a un mismo tiempo aspecto técnico-real y configuración social específica del proceso de reproducción de la vida material de los hombres.

Y por lo tanto, síntesis obligada de dos aspectos esenciales. Porque si modo de producción es, en términos generales, idéntico a proceso de producción, entonces es como decimos, tanto un modo técnico-real-instrumental de apropiarse la naturaleza, como una configuración social económico-formal dentro de la cual se lleva a cabo dicha apropiación. Es pues tanto figura concreta’ de un conjunto dado de fuerzas productivas específicas y de su modo peculiar de utilización y desarrollo —o en otros términos una figura dada del proceso de trabajo— como unidad compleja de determinados vínculos sociales, de específicas relaciones de producción entabladas por los hombres para llevar a cabo la actividad productiva y dar expresión adecuada a ese peculiar tipo de proceso laboral en que ellas se fundan.

He aquí planteado, muy breve y esquemáticamente, el contenido general del concepto “modo de producción”.[3] Nos interesa, sin embargo, en particular, el análisis del modo de producción feudal. ¿Qué entiende Marx por modo de producción feudal?, ¿por qué lo llama “feudal” y no modo de producción servil o modo de producción europeo-medieval?, ¿qué modo técnico real del proceso de trabajo o conjunto de fuerzas productivas materiales, y qué formas económico-sociales o relaciones de producción implica este modo de producción?, y ¿por qué es éste una de las etapas “progresivas en la formación de la base económica de la sociedad?

Sin intentar agotar en estas pocas páginas la respuesta a estas preguntas, veamos algunos de los elementos de su solución.

Por lo que se refiere sobre todo a la significación general del modo de producción feudal, Marx señala que no es solamente esa etapa progresiva de la formación económica de la sociedad que ya hemos explicado, sino, en particular, una de las fases económicas principales que en Europa occidenta[4]l han creado las premisas materiales y las condiciones generales para el surgimiento de la sociedad capitalista. No es pues un modo de producción universal”, un camino necesario y recurrente de tránsito para todos los pueblos que intentaran llegar al capitalismo, sino solamente la vía específicamente europea —y por excepción japonesa— mediante la cual en ciertos grupos humanos particulares se crearon las premisas imprescindibles para engendrar a la sociedad burguesa moderna.

El feudal es, entonces, un modo de producción básicamente característico de la Edad Media europea, donde ha tenido sus orígenes clásicos que lo determinan en su particularidad, y donde ha desplegado todos sus rasgos y potencialidades intrínsecas. Marx lo concibe explícitamente como la “época germánica” de la historia europea,[5] como el período histórico de desarrollo y refiguración de los principios y elementos aportados por los pueblos germánicos al vasto movimiento de la historia de Europa. Y por tanto, como un modo de producción que se halla necesariamente ligado, por su misma definición y contenido, a la sola historia del continente europeo, pues sin la presencia y aportación germánica, sólo por excepción es que podría originarse un modo de producción rigurosamente feudal.

Al mismo tiempo, y a partir de la concepción del feudalismo como fase progresiva en el proceso de conformación de la base económica de la sociedad, Marx y Engels subrayan los grandes progresos materiales y espirituales que el mundo feudal ha llevado a cabo, progresos sin los cuales Europa no habría podido llegar nunca a esa nueva etapa de la historia universal que es el capitalismo. En contra pues de la opinión dominante en una gran parte de la intelectualidad contemporánea a ellos mismos,[6] los fundadores del marxismo han criticado la concepción burguesa tradicional que concibe a la Edad Media como una época de barbarie general y de oscurantismo espiritual, recalcando en cambio los grandes avances legados a la naciente sociedad burguesa por los siglos anteriores. No sólo los inventos del período final del modo de producción feudal —como la pólvora, la imprenta, la brújula y el reloj mecánico— son claramente señalados como la herencia feudal al capitalismo, sino también los sucesivos avances logrados a lo largo de todo el período medieval, como la lenta formación del organismo europeo, la constitución de las naciones, el despliegue de los rasgos de la individualidad humana en la historia, o la aplicación en gran escala de los molinos hidráulicos, entre otros.

Y en contra de la posición burguesa que afirma haber “liberado al trabajador de la servidumbre, convirtiéndolo en un “hombre libre”, tanto Marx como Engels remarcan la limitación y sojuzgación también inherentes al mundo capitalista, mundo que “debe más de lo que cree” a la “oscura época medieval que tanto critica[7].

Junto a esto, y todavía en lo que toca a la consideración general o caracterización global del modo de producción feudal, Marx vincula su explicación al acto originario mismo de su génesis, al gran hecho histórico que le da nacimiento: las migraciones de los pueblos germanos hacia el antiguo espacio del Imperio romano. Porque además de ser concebido como una forma esencialmente progresiva, que despliega dentro de Europa occidental los aportes germánicos originarios, el modo de producción feudal constituye para Marx una auténtica fusión de dos formas de producción anteriores, que se unifican y combinan, modificándose para dar como resultado una forma nueva totalmente singular. El modo feudal de producir surge como resultado de la conquista de los pueblos germánicos sobre los antiguos habitantes del Imperio romano, desembocando en una de las tres posibilidades que Marx prevee para todo movimiento de conquista: la de la síntesis entre los dos modos de producción en juego, la aleación y mixtura del modo de producción de los conquistadores con el modo de producción de los conquistados. En este caso “[…] se produce una acción recíproca de la que nace una forma nueva, una síntesis (en parte, en las conquistas germánicas) […]” (Marx, 1976: t. 1, p. 18).

El modo feudal de producción es, entonces, en una importante medida, el fruto de la combinación de elementos germanos y elementos romanos, la síntesis en el plano económico de las fuerzas productivas materiales, de los tipos de actividad productiva, de las relaciones de producción características tanto de los germanos como de los antiguos romanos. Por eso, “[…] el feudalismo no salió, ni mucho menos, ya listo y organizado, de Alemania, sino que tuvo su origen, por parte de los conquistadores, en la organización guerrera que los ejércitos fueron adquiriendo durante la propia conquista y se desarrolló hasta convertirse en el verdadero feudalismo después de ella, gracias a la acción de las fuerzas productivas encontradas en los países conquistados” (Marx y Engels, 1973a:72).

Por eso, y ya más en términos de su contenido interno específico, el modo de producción feudal se presenta también como un conjunto de fuerzas productivas particulares y articuladas para su utilización de una cierta manera, lo mismo que como unidad de determinadas relaciones de producción que configuran y dan expresión a esas fuerzas productivas. Pero ¿cuáles son esas fuerzas productivas nuevas que hacen del aspecto técnico-real del modo de producir feudal un modo progresivo superior de apropiarse de la naturaleza?, ¿y cuáles son las relaciones de producción, más ricas y complejas, que corresponden a este más alto grado de desarrollo de las potencias productivas humanas? Veamos la respuesta a estas preguntas ubicando ambos planos constitutivos del modo de producción feudal en el contexto mismo de su desarrollo, en el período inicial o infancia del mundo feudal. [8]

II

Las principales fuerzas productivas materiales que constituyen el aspecto técnico-real del modo de producción feudal se desarrollan en general dentro de la etapa de transición de la antigüedad al período medieval. Por eso su desarrollo y afirmación no se presenta simplemente como un avance lineal y continuo de un conjunto preestablecido de fuerzas productivas, sino como movimiento complejo de readaptaciones, combinaciones, mezclas y nuevas adquisiciones de todo tipo. Las nuevas fuerzas productivas correspondientes a la etapa feudal se forjan al calor y dentro del proceso más general de síntesis ya señalado entre germanos y romanos. De ahí, en parte, su riqueza y amplitud.

Porque en este proceso de real génesis de un nuevo modo de producción, la naciente Europa crea un equipo tecnológico de tal magnitud que le permite “despegarse hacia niveles de desarrollo económico muy por encima de cualquier otra región o espacio del planeta. Las nuevas fuerzas productivas abarcan desde la invención del más sofisticado tipo de arado creado por el hombre antes del arado mecánico capitalista, hasta el des-cubrimiento y sometimiento de nuevas formas de energía motriz, naturales y animales, que potencian la reserva energética disponible para los productores, pasando por el desarrollo de la forma más completa posible de la rotación de cultivos y por una nueva manera de llevar a cabo la reproducción del ganado, creando con ello un sistema combinado de agricultura permanente y ganadería sistemática. Conjunto éste de nuevos e importantes poderes productivos humanos que jalonan hacia adelante el progresivo vencimiento de la naturaleza y crean la sólida y consistente base económica del modo de producción feudal en su aspecto técnico-instrumental. Veamos con detalle el surgimiento y la reasimilación de estas peculiares fuerzas productivas que son el primer componente del modo feudal de producir, ubicando su conformación en el contexto mismo de su desarrollo dentro de “[…] esos grandes y arriesgados movimientos migratorios que echaron los cimientos de los pueblos de la antigua y moderna Europa” (Marx y Engels, 1979:84).

Las nuevas fuerzas productivas comienzan a desarrollarse a partir de la simbiosis generada por la conquista germana. En esta esfera, la transmigración germana pone en contacto a un pueblo esencialmente pastor y ganadero[9] con otro pueblo o masa de pueblos donde la agricultura es ya la actividad que constituye el centro de toda la producción económica. Y aunque la agricultura no es para los germanos una actividad desconocida, sí es una mera forma subsidiaria y periférica de su modo de producción. Igualmente, si bien los romanos conocen el ganado mayor y el pastoreo, éste no es, ni con mucho, un elemento primordial y característico de su base económica. Estamos entonces en este punto de partida de la combinación de las formaciones económicas de ambos pueblos, frente al encuentro de dos masas distintas de hombres cuyas actividades productivas principales son totalmente diversas y donde, por tanto, su síntesis se hace más complicada y difícil, pero más rica y variada a la vez.

Así, para los germanos se trata ante todo de asimilarse y desarrollar por cuenta propia la principal y más acabada actividad económica romana: la agricultura. Porque si ellos se han apoderado del Imperio romano y este Imperio vive, principalmente, de los resultados de las faenas agrícolas, lógico resulta que si quieren permanecer en él se adapten a sus condiciones particulares. Por tanto, junto a su regular actividad ganadera y pastoril, tendrán que abocarse ahora también a los trabajos agrícolas. Y más conforme más vaya creciendo su propia población, asentada en los nuevos territorios. Porque si la ganadería permite, sin problemas, un cierto incremento y densidad de la población, es sólo a costa de la ocupación siempre creciente de grandes espacios dedicados al pastoreo. Al llegar al límite de los territorios europeos utilizables para el pastoreo, los germanos se ven obligados a buscar otras fuentes de subsistencia posibles. Y para ello recurren a la agricultura, a la actividad que los romanos les enseñan y transmiten y que los convierte progresivamente en pueblos también eminente-mente agrícolas y claramente campesinos. “Incluso después de su migración a la Galia, los francos continuaron favoreciendo la ganadería sobre la agricultura. Mientras hubo una escasa población en relación con la tierra disponible, no hubo una competencia entre los dos regímenes: los animales estaban en perpetua pastura. Pero con el crecimiento de la población, el cultivo se propagó a expensas de los bosques, pantanos y praderas” (White, 1981:55). Los germanos fueron entonces obligados a aprender, desarrollar y ejecutar la actividad agrícola como su labor económica principal, convirtiéndose poco a poco en campesinos completos, hechos y derechos. Y así, lo que en sus viejos territorios de Germania no era más que una actividad subsidiaria y puramente complementaria, a la que destinaban los pocos siervos con que contaban, se convirtió entonces en su forma productiva fundamental.

Y con ello se aceleraron varias de las tendencias que hasta ese momento sólo se habían insinuado dentro de la organización social de los germanos. Al volversepueblosagricultores se volvieron pueblos más sedentarios y estables, pues el cultivo de la tierra requiere más permanencia en ella que el simple pastoreo. Y con ello disminuyó también la importancia de la caza como actividad regular, siendo relegada a un segundo término. Pero la caza y el seminomadismo van unidos inseparablemente al espíritu guerrero v a la guerra. Con la decadencia de los primeros se ve minada también la fuerza de la segunda. Y así, “[…] ocupado por los cuidados de una agricultura más estabilizada, el germano común, en la época de las migraciones, que más que guerrero, se convertía, poco a poco, en campesino” (Bloch, 1979: t. 1, p. 175).

Se convertía pues, poco a poco, en agricultor. Pero no de un modo simple, pasivo y puramente imitativo, sino a través de cambios y modificaciones importantes.

Veamos:

Los germanos se volvieron, al contacto con el nuevo Imperio a su cargo, agricultores. Pero no sólo había germanos en las tierras recién conquistadas del mundo mediterráneo, sino también a lo largo de toda la Europa central, y parte oriental, antes pobladas por ellos, en las antiguas tierras de la Germania primitiva. Al extenderse entonces la agricultura como su actividad central, tenía no sólo que ser asimilada por los germanos que ocupaban las antiguas tierras del Imperio, sino desarrollada, difundida y adaptada por los germanos que se habían quedado en casa, en sus antiguas moradas del centro y norte de Europa. Y esto no era tan sencillo como lo es su enunciación, pues no se trataba de trasladar simplemente una actividad de una región dada a otra, muy similar a la primera, sino de empezar por crear las condiciones propicias de su generalización en una región total-mente distinta en cuanto a clima, calidad y condición de los suelos mismos.

Y para esto, el principal obstáculo a vencer era la estructura específica del instrumento agrícola básico: el arado.[10]

Porque el arado ligero de surcos, característico de las regiones mediterráneas europeas, era totalmente inadecuado para la región nórdica de Europa. Los suelos ligeros y secos del Mediterráneo, hacían posible el uso de un simple arado de surcos, cuya reja no penetra demasiado la tierra, y al actuar sobre ella no la voltea, sino que simplemente la perfora, marcando el surco en la tierra y dejando intactas las tierras entre surco y surco. Por eso, para prevenir la evaporación indebida de la humedad de la tierra y mantener su fertilidad a través de llevar a la superficie los minera-les del subsuelo, se hace necesario volver a trabajar la tierra ya arada, de un modo transversal a la primera arada, con lo cual el trabajo de arado de un campo se vuelve el doble del que en otras condiciones se requeriría. “Pero esta clase de arado y de cultivo no era del todo apropiado para la mayor parte de Europa del norte, debido a sus veranos húmedos y suelos duros […] Europa del norte tuvo que desarrollar una nueva técnica agrícola y sobre todo un nuevo arado” (White, 1981:42). Tuvo que inventar entonces un nuevo instrumento de producción, un nuevo tipo de arado, para poder aplicarse a la agricultura de una manera generalizada y completa. Y ese nuevo arado es el arado pesado con vertedera y ruedas,[11] instrumento fundamental que constituye el primer resultado esencial de la fusión de los pueblos germánicos y romanos, y el primer gran aporte de la sociedad feudal en formación al desarrollo progresivo de las fuerzas productivas humanas en la historia. El arado pesado con vertedera y ruedas, fruto de las dificultades específicas del clima y los suelos de la Europa septentrional, constituye en realidad el pleno desarrollo del arado, su figura más acabada y completa, hasta antes de la introducción de la ciencia en la agricultura: “[…] en cuanto se hace necesario o conveniente labrar la misma tierra año tras año, se requiere un cultivo de mayor profundidad con el fin de retrasar el agotamiento de los suelos. De ahí el fundamental invento del arado, si bien su pleno desarrollo se produjo cuando el hombre hubo de enfrentarse a los terrenos arcillosos del norte de Europa” (cursivas nuestras, Derry y Williams, 1977:74).

Este arado pesado, esencialmente diferente de su predecesor mediterráneo, presenta frente a él la figura siguiente:

Pero para entender por qué este nuevo arado pesado con vertedera y ruedas significa la culminación del desarrollo de este tipo de instrumento agrícola —el instrumento de trabajo central de todas las sociedades precapitalistas basadas en la agricultura— necesitamos observar con detalle cómo funciona, y cuáles son las ventajas que reporta su aplicación. Al respecto, la descripción de Lynn White Jr. es de lo más precisa y transparente: “Contrariamente al arado de surcos, cuya reja cava a través del tepe,[12] arrojándolo a ambos lados, el arado pesado posee tres partes funcionales. La primera es una cuchilla o cuchillo pesado puesto en la punta de la vara del arado y que corta verticalmente la superficie del suelo. La segunda es una reja plana colocada en ángulos rectos de la cuchilla y que corta la tierra horizontalmente a las raíces de la hierba. La tercera es una vertedera diseñada para voltear la tajada de tierra ya sea a la derecha o a la izquierda, dependiendo de cómo es atacada. Es evidente que este arado es una más formidable arma contra el suelo que el arado de surcos” (White, 1981:43).

Arma más formidable y más compleja que implica diversas ventajas sobre el antiguo arado ligero mediterráneo y que por tanto crea una agricultura mucho más productiva y desarrollada que la agricultura mediterránea clásica. Ventajas que se reflejan tanto en el ahorro de fuerza de trabajo humana, como en la mayor fertilidad de los campos cultivados e incluso en la extensión de tierra susceptible de ser trabajada e incorporada a la producción regular agrícola: para los propósitos de la agricultura del norte de Europa, sus ventajas fueron tres: “Primero, el arado pesado manipulaba los terrones con tal violencia que no era necesario arar transversalmente. Esto ahorraba trabajo al campesino y así incrementaba el área de tierra que él pudiera cultivar. El arado pesado era una máquina agrícola que remplazó con fuerza animal la energía y el tiempo humanos.

“Segundo, el nuevo arado al eliminar la arada transversal tendía a cambiar la forma de los campos en Europa del norte de casi cuadrados a alargados y estrechos, con una sección transversal-vertical ligeramente redondeada para cada banda de surcos, produciendo efectos saludables para el drenaje en aquel clima húmedo. Estas bandas de surco eran normalmente aradas de derecha a izquierda, resultando con el paso de los años que cada banda se volvía un montículo alargado y bajo que aseguraba un cultivo sobre la cresta incluso en los años más húmedos, y en la depresión o surco durante las estaciones secas.

“La tercera ventaja del arado pesado derivó de las dos primeras: sin tal arado era difícil explotar las densas, ricas, aluviales tierras bajas que, apropiadamente manejadas, darían al campesino muchos mejores cultivos de los que él pudiera obtener de los suelos suaves de las tierras altas (mesetas) ” (White, 1981:43).

Así, con la invención y difusión masivas[13] de este nuevo arado, más complejo y perfeccionado, los pueblos germanos habitantes de la Europa del norte no sólo asimilaron la agricultura como actividad económica principal, sino que superaron con creces todo lo transmitido en este nivel por sus predecesores romanos. El primer fruto de la fusión entre romanos y germanos no fue sólo la extensión de la importancia de la actividad agrícola dentro de toda la organización económica, sino también, y en particular en las tierras del norte europeo, la creación de una mejor y muy superior forma de cultivo, más económica en cuanto al trabajo humanorequerido, más intensiva y fértil en cuanto a sus rendimientos, y más amplia y abarcativa en cuanto a los tipos y condiciones de tierra en que podía asentarse.

Progresos fundamentales que, entre otros factores, explican el cambio del centro de gravedad del desarrollo general de Europa del sur mediterráneo hacia las zonas del norte (cfr. al respecto, White, 1981:77-78).

Pero los germanos no sólo han desarrollado en esta época la agricultura más productiva y fértil del norte de Europa. También se han hecho cargo de la vieja agricultura mediterránea, ya asentada desde hace largo tiempo en esta región del continente. Y también dentro de ella han introducido importantes modificaciones. “La distribución de las tierras los obliga a plegarse a los usos de la agricultura romana” (Pirenne, 1978:33). Pero no de un modo pasivo y puramente receptivo. Por el contrario. Los germanos que ocupan las tierras del Imperio se adaptan también poco a poco a la mayor preeminencia y papel de la agricultura, pero sólo mediante la introducción de cambios fundamentales en su organización interna y de su enriquecimiento a través de sus propios aportes originales.

Así, en primer lugar un cuidado y producción sistemáticos del propio ganado, asociados a la misma agricultura. Porque al convertirse en agricultores, los germanos no han abandonado, sin embargo, la importancia atribuida a su antigua actividad ganadera y pastoril, sino al contrario: han integrado, dentro de la nueva agricultura desarrollada y asimilada por su población, el ejercicio sistemático de la actividad ganadera, preocupándose por extender y desarrollar los cultivos y producción del forraje que alimenta a este ganado y generalizando el aprovechamiento regular de los excrementos del mismo, utilizados como abono fundamental de las mismas tierras cultivadas.

Porque los romanos, aunque han conocido el ganado menor y utilizado a los bueyes como animales de labor, nunca han asumido la producción de ganado como actividad particular y sistemática a la que hay que dedicar una especial atención. Se han contentado con dejar vagabundear a sus escasos animales en los bosques o pastos silvestres, donde el abono natural, por ellos producido, se perdía simplemente. Pero entonces, para obtener ese abono han recurrido a la deforestación, usando la madera quemada de los árboles como fertilizante de la tierra. Y han provocado también el progresivo deterioro de los bosques, destruidos por el propio ganado que de ellos se alimenta. Pero con ello han reducido la posibilidad de extensión del mismo ganado. “Por tanto, la escasez de ganado era una característica de la economía mediterránea, que se veía favorecida por la deforestación cada vez más acusada, producida precisamente por la necesidad de utilizar los bosques como suplemento para alimento del ganado. La falta de ganado implicaba, a su vez, la carencia de abono natural para el suelo […]” (Hodggett, 1974:27).

Los germanos en cambio, como hemos visto ya, eran pueblos específicamente ganaderos y, por tanto, pueblos versados en el conocimiento de las necesidades y cuidados requeridos para la reproducción regular de los animales. Al establecerse en el Imperio, han conservado incluso en un primer momento su vieja actividad. Y al convertirse en agricultores no han renunciado a ella, sino que la han dotado de una nueva base en la misma agricultura, dedicándose a producir especialmente cereales destinados a la cría y conservación del ganado mismo. Han producido particularmente forrajes para la alimentación de ese ganado, creando un nuevo sistema balanceado y regular de producción tanto agrícola como ganadera, perfectamente combinado y claramente equilibrado. Y con ello han generalizado el uso de la guadaña,[14] segundo instrumento característico de la fusión romano-germánica y nuevo símbolo de la más desarrollada base económica recién creada. “La guadaña es el símbolo de la extensión de esta fusión de la economía pastoril germánica con el cultivo de cereales propio del Mediterráneo. En efecto, aunque entre los romanos ya existía la guadaña, ésta era tan poco utilizada que se ha dudado muchísimo acerca de su posible datación. La guadaña es la herramienta típica para cortar el heno, y, bajo los francos, el uso de las guadañas para cortar el forraje y alimentar al ganado en los establos llegó a ser tan común que Carlomagno intentó cambiar el nombre del mes de julio para denominarlo mes de la siega del heno’ ” (White, 1979: 159).

Fusión pues de la ganadería y la agricultura que no sólo permitió la producción regular de los distintos tipos de ganado, sino que incrementó también la fertilidad de la agricultura, incrementando el suministro de abonos naturales de una manera uniforme y sistemática. Creación pues de un sistema agrario mucho más rico y completo, que integrando como una de sus partes a la ganadería, era capaz de rendir no sólo mejores y más abundantes cultivos, sino también de proveer de más carne, lácteos, cueros y lana a toda la población. Nuevo sistema balanceado de producción de animales y cereales que explica, en parte, la creciente prosperidad y vitalidad de estos siglos y la sólida base de la futura expansión carolingia (cfr. White, 1981:56).

Sistema que se basa no solamente en la asimilación de la ganadería dentro de la nueva base económica, sino también en una modificación central de la propia forma de cultivo y producción agrícola: el paso de la rotación bienal de las tierras, a la rotación trienal. Rotación trienal, demandada en parte por la propia necesidad de producción de forraje para el ganado, pero no limitada en su explicación a este requerimiento,[15] sino resultante nuevamente de la fusión general de las formas económicas de la Europa septentrional con las formas mediterráneas romanas.

La agricultura romana había practicado regularmente las siembras en otoño para cosechar y producir sus cultivos a fines de la primavera o principios del verano siguientes. Bajo el clásico sistema de rotación bienal, la tierra de labor se dividía regularmente en dos partes, una de las cuales era trabajada y sembrada, mientras la otra se removía, araba y limpiaba para ser dejada en barbecho durante el mismo lapso de cultivo de la primera. Al año siguiente intercambiaban sus papeles, dejando en barbecho la parte recién cosechada, y poniendo en uso la que hasta ese momento había estado en “reposo”. Con ello, la agricultura mediterránea no producía más que una cosecha al año, haciendo producir sólo el 50% de toda la tierra trabajada.

Por su parte, en las tierras del mar Báltico se había desarrollado una agricultura primitiva, limitada exclusivamente a las siembras de primavera, las que eran cosechadas en el verano siguiente al de su siembra. Aquí no se conocían ni practicaban los cultivos de invierno, lo mismo que en el sur de Europa, eran poco aplicados estos cultivos de verano.

Es pues muy posible que los germanos apoderados del Imperio hayan transmitido estos cultivos de verano a la agricultura mediterránea y, uniéndolos con los cultivos de invierno allí habituales, hayan creado un nuevo sistema de rotación de cultivos, más productivo, más frecuente en sus rendimientos y basado en un mayor aprovechamiento de la tierra arada en cada ciclo agrícola. “Así como el teutón y el latino comenzaron a fusionar sus talentos en la construcción de una nueva cultura, al mismo tiempo la primavera del mar del norte Báltico se matrimoniaba a la plantación del otoño mediterráneo para crear un nuevo sistema agrícola más productivo que sus dos progenitores (White, 1981.:71).

El vástago de este matrimonio era precisamente el sistema de rotación trienal de cultivos, sistema que a partir de la simple fusión o síntesis de ambos predecesores lograba constituirse como una forma más progresiva y completa de aprovechamiento de los frutos de la tierra y como una más racional explotación o uso de la misma. Ahora bien: ¿Cómo funcionaba el sistema de tres campos en comparación con el antiguo sistema mediterráneo de la rotación de dos campos? [… ]En el plan de dos campos, alrededor de la mitad de la tierra era sembrada con grano invernal, en tanto que la otra mitad era dejada en barbecho. Al siguiente año los dos campos simplemente intercambiaban sus funciones.

“En el plan de los tres campos la arada era dividida en tercios semejantes. Una sección era sembrada en otoño con trigo invernal o centeno. A la siguiente primavera el segundo campo era sembrado con avena, cebada, chícharo, garbanzo, lenteja, haba. El tercer campo era dejado en barbecho. Al siguiente año el primer campo era sembrado con los cultivos de verano; el segundo quedaba en barbecho, el tercero era sembrado con granos invernales (White, 1981:71).

Este sistema se ilustra claramente con el siguiente esquema:

Con este cultivo, y a través de complejas relaciones (que Lynn White Jr. [1981:71-72] explica pormenorizadamente) el área que un campesino podía poner en cultivo, sin incrementar para nada los antiguos limites de su tierra, era un octavo mayor que antes, pero su productividad agrícola se veía en cambio acrecentada en un 50%. Además podía ahora distribuir el trabajo de la arada, la siembra y la cosecha de una manera más equitativa a lo largo de todo el año, superando la antigua alternancia de fuertes épocas de trabajo y de relativa inactividad características del sistema bienal. Con ello incrementaba la propia eficiencia de su fuerza de trabajo, a la que utilizaba también de un modo más uniforme y racional.

Y a la que también tenía ahora más protegida de los riesgos del hambre y la mala nutrición, pues con la mayor abundancia de tipos de cultivo, había mejorado notablemente la reproducción energética y física de toda la población, y se hallaba menos sujeta que antes a las vicisitudes de un mal tiempo o una mala cosecha.

Por último, con ello apuntalaba la producción ganadera como una producción regular, al asegurarse el suministro necesario de forraje e insumos diversos para la reproducción de los distintos tipos de ganado. Y en particular, a partir de los tiempos carolingios, de la reproducción del caballo, que poco a poco irá demostrando su superioridad como animal de tiro en la agricultura e irá desplazando al buey dentro de esta esfera de la producción. Pero eso sólo en la etapa posterior a la época que ahora examinamos, al desarrollarse de lleno la primera edad feudal.

La rotación trienal fue, entonces, con todas estas ventajas concomitan-tes, el tercer gran progreso fundamental resultante de la combinación germana y romana, la tercera conquista principal alcanzada por la nueva Europa en el proceso de constitución de una nueva base económica propia y más desarrollada. Base económica que, retomando los más importantes rasgos del sistema de producción germano y de la forma económica romana, se va conformando poco a poco como un nuevo modo de producción específico y original, que se asienta cada vez más como el soporte material central de toda la nueva sociedad feudal en gestación y como el punto de partida de toda la evolución histórica ulterior. “De la fusión de estos dos sistemas de producción nació finalmente el que caracteriza al occidente medieval, y la fusión fue sin duda más precoz y más rápidamente fecunda en las regiones en las que se daba un contacto más estrecho entre ambas civilizaciones: en el corazón de la Galia franca […]” (Duby, 1979:31) .

Fusión precoz y fecunda que, sintéticamente, podemos resumir en la gráfica siguiente:

Uno de los resultados esenciales de la combinación y mixtura de los pueblos es entonces el de desencadenar esta serie de progresos tecnológicos fundamentales, que vienen a constituir parte de las nuevas fuerzas productivas materiales de la naciente sociedad en proceso de gestación. Con el arado pesado, la guadaña y el sistema combinado de ganadería sistemática y agricultura, la sociedad merovingia se crea una plataforma productiva mucho más desarrollada y compleja que la de sus dos predecesoras in-mediatas.

En este sentido, lo que el período carolingio culmina y aporta, constituye una profundización y perfeccionamiento de esa nueva base productiva, la que no sólo es difundida y consolidada en toda Europa occidental, sino también enriquecida y puesta a punto por nuevos e importantes des-cubrimientos y avances específicos.

Bajo los carolingios no sólo se extienden y afirman las conquistas básicas ya alcanzadas durante el proceso mismo de transición (tales como el arado pesado y la producción sistemática de ganado mayor) sino que se enriquecen con nuevos elementos (como la herradura, el arnés moderno, el estribo o el molino de agua) que completan el equipo tecnológico sobre el cual se apoyará toda la evolución histórica posterior y en particular la primera edad feudal. Equipo tecnológico renovado que además de acrecentar nuevamente la productividad de la agricultura, introduciendo en ella a un nuevo animal de tiro, modifica también las posibilidades del transporte, las fuentes de energía tradicionales, y hasta las formas mismas de la organización militar.-

Veamos esto con más detalle.

Hemos visto ya la importancia y significación profundas de la invención del sistema de rotación trienal de cultivos. A partir de este sistema se hace posible la producción sistemática del alimento para el ganado, la producción de forraje en gran escala para la manutención sin problemas de los animales. Vimos también que el cultivo principal que se utilizaba para estos fines era el cultivo del heno, la planta con la que se alimenta preferentemente a los bueyes. De aquí el uso y difusión de la guadaña, ya señalado también. Pero junto al heno, el otro gran cultivo que puede ser producido intercalándose con el trigo y el centeno, y que puede también ser destinado a la alimentación del ganado, es el cultivo de la avena.

La avena es el alimento fundamental del caballo, así como los pastos y el heno lo son del buey. Pero el caballo es un animal de tiro mucho más rápido, resistente y potente que el buey. Por tanto, es una fuerza de tracción, de rastreado y de arada mucho más eficiente que su competidor bovino. ¿Por qué entonces no había sido utilizado dentro de la agricultura antes de esta época? Por la sencilla razón de que no existían aún las condiciones necesarias mínimas para dicha utilización. Y esas condiciones materiales mínimas son principalmente tres: en primer lugar, un suministro regular y abundante de avena, el mejor alimento del ganado caballar; en segundo lugar, la invención de la herradura con clavos para los cascos del animal y por último el nuevo arnés o collera almohadilla que cambia el punto de apoyo de tiro y lo traslada del cuello hacia los hombros del caballo. Sin estas tres condiciones, el caballo no se halla en posición de competir con el buey como animal de trabajo dentro de las faenas agrícolas. Pero en cambio, en presencia de estos tres elementos, el caballo supera fácilmente y con creces a su antiguo vencedor. Veamos por qué.

La primera condición señalada alude simplemente a la posibilidad misma de existencia de una cría del caballo en gran escala. Sólo a partir de una producción regular e importante de avena es que se hace posible contar con un número creciente de caballos y plantearse su mayor utilización, no sólo para la agricultura, sino también para la guerra y el transporte. Y esta condición se satisface precisamente sobre la base del desarrollo y consolidación del ya explicado sistema de rotación trienal de los cultivos[16].

La segunda gran condición consiste en la invención de la herradura con clavos para los cascos de los caballos. Mientras que en general el caballo es sin duda más resistente para la actividad que el buey, en particular sus cascos son mucho más débiles que los de este último animal. En condiciones de terrenos difíciles, los cascos de los equinos se rompen con mucha más frecuencia que los de los bueyes, a lo que se agrega que en condiciones de humedad, dichos cascos se ablandan, se desgastan más rápidamente y se echan a perder progresivamente con mucha facilidad. Un animal con los cascos dañados o destruidos no sirve prácticamente para nada. Por eso, puestos a elegir, los antiguos campesinos y comerciantes tendían a escoger con predominancia al buey para las diversas tareas de la agricultura y el transporte. El “talón de Aquiles” del caballo, que eran sus débiles cascos, lo hacía poco ventajoso dentro de estos campos.

Pero con el descubrimiento de la herradura con clavos el caballo superó esta especial deficiencia frente a su competidor. Ahora, el caballo herrado podía llevar a cabo más grandes recorridos, en condiciones difíciles de terreno y/o de humedad, sin correr el riesgo de inutilizarse. Las largas marchas, a un ritmo más veloz y en períodos más prolongados, se hicieron ahora posibles con un más alto grado de seguridad y rendimiento. Y esto permitió entonces introducir o extender el uso del caballo tanto a la agricultura, como al transporte y a la guerra. Porque con su herradura de clavos, el caballo podía lo mismo resistir una jornada entera de marcha forzada hacia el lugar de los combates, que aguantar el trabajo de arado en un campo abrupto, irregular y de clima húmedo, o jalar una carreta cualquiera con una carga importante, por las difíciles rutas y caminos del norte de Europa. Podía entonces cumplir con las distintas necesidades militares, agrícolas o de transporte de los hombres medievales, proporcionándoles una mayor velocidad, resistencia, seguridad y rendimiento que en las etapas anteriores.

Pero esto solamente en conjunción con otros descubrimientos complementarios. Porque un caballo bien alimentado y con buenas herraduras en sus cascos no es aún un animal de tiro superior al buey. Si de lo que se trata es de hacer que el caballo tire del arado —o en su caso de la carreta— durante un tiempo prolongado, no es suficiente el tener asegurada la fortaleza de sus patas o su potencia y energía en general. También es necesario contar con un mecanismo de enganche adecuado, que permita al animal ejercer el máximo de su poder del modo más racional posible.

Y esto es precisamente lo que se alcanza con la tercera condición mencionada, la invención del nuevo arnés con collera almohadillada, que cambia el punto de apoyo del tiro y hace posible entonces aumentar la fuerza y el rendimiento del caballo en la agricultura y el transporte. Veamos de que manera.[17]

El antiguo arnés, ideado originalmente para enganchar al buey al timón del arado, es un arnés que coloca el punto de apoyo del tiro en el cuello del animal. Pero si bien el cuello del buey es lo suficientemente corto y grueso como para que dicho arnés le sea perfectamente adecuado, el largo y diferente cuello del caballo no se adapta tan fácilmente a estas mismas condiciones. Porque el punto de apoyo del tiro es el punto a partir del cual el animal ejerce toda la fuerza de tracción y arrastre de la que es capaz.

Y mientras que el buey, usando ese arnés antiguo o arnés de yugo, puede fácilmente jalar el timón del arado o de la carreta sin causarse daño alguno, y aplicando toda su potencia, el caballo en cambio sufre al comenzar a moverse, pues la correa aplicada a su cuello —y que a veces se complementa con otra que rodea su vientre— comienza a ejercer presión sobre el mismo, apretando su vena yugular y su tráquea, y provocando una aguda sensación de asfixia y una interrupción de la circulación normal de la sangre a la cabeza.

Con ello es evidente que tanto la fuerza como el rendimiento del caballo se ven claramente disminuidos. Y por eso, al utilizar indistintamente el arnés de yugo para el buey o para el caballo, tenía que resultar obvio para los campesinos de la antigüedad la superioridad del primero sobre el segundo.

Así, fue sólo hasta la invención del nuevo arnés, específicamente diseñado para la anatomía y peculiaridades del caballo, que se hizo posible descubrir todas las potencialidades y ventajas de este animal, y los mayores beneficios de su uso en la agricultura y el transporte. Porque el nuevo arnés, dotado ahora de una collera rígida y almohadillada, hacía descansar el nuevo punto de apoyo, ya no en el cuello del caballo, sino en sus resistentes omóplatos, en sus hombros, con lo que desaparecían los inconvenientes anteriores. Con este arnés moderno no sólo se eliminaba la sensación de asfixia del caballo, sino que la circulación sanguínea y la libre respiración de la bestia se volvían completamente normales. La gráfica siguiente muestra claramente las diferencias explicadas y las implicaciones señaladas de un tipo y otro de arneses:

Como se ve, con el nuevo arnés el caballo podía por fin contribuir con toda su fuerza al tiro al que estaba enjaezado, desempeñándose además sin fatigas adicionales ni limitaciones extraordinarias, y compitiendo finalmente en igualdad de circunstancias con su equivalente bovino.

Competencia que en estas condiciones colocó las cosas en una nueva dimensión, e invirtió la tradicional elección de los campesinos, inclinándola ahora en favor del caballo. Porque un caballo enganchado con el nuevo arnés de collera rígida y almohadillada demostró ser capaz de mover una carga cuatro o cinco veces mayor que un caballo enjaezado con arnés de

yugo. Y no sólo movía una carga más pesada que antes, sino que la movía sin fatigarse en el mismo grado que anteriormente. Por tanto, era claro que el caballo podía ahora acometer, con nuevas posibilidades, la realización de las faenas agrícolas antes ejecutadas por el buey.

Y esto fue lo que sucedió. El buey comenzó a ser sustituido por el caballo como animal de tiro dentro de la agricultura. Porque una vez armado con la herradura de clavos y el arnés moderno de collera almohadillada, el ganado equino pudo mostrar sus grandes ventajas y sus más altas potencialidades respecto de su similar bovino. A partir de estos inventos, el caballo demostró ser capaz de un desplazamiento que era 50% más rápido que el buey, con lo que el trabajo de arado se hacía una vez y media más veloz que antes y podía en consecuencia cumplirse en menos tiempo. Esto hacía posible disponer de más tiempo libre a los productores, o si lo deseaban y podían, incrementar la extensión de tierra cultivable en cada ciclo agrícola, trocando ese tiempo libre por una mayor producción bruta.

Mayor producción o riqueza cuantitativa incrementada que también crecía por el alargamiento de la jornada cotidiana de trabajo. Porque el caballo no sólo ejecutaba más velozmente sus tareas agrícolas, sino que resistía diariamente un mayor tiempo de ejecución de las mismas. La antigua jornada realizada con bueyes podía ahora aumentarse en una o hasta dos horas diarias al ser realizada con caballos, sin perjudicar en lo más mínimo a dichos animales. Por tanto, el campesino tenía nuevamente la opción abierta: o aumentar el espacio cultivado —si esto era posible a partir de las tierras disponibles— al contar con una jornada ejecutada más rápidamente y de mayor duración, o en el otro caso, cumplir en menos tiempo sus antiguas labores de arado y siembra en su mismo terreno de siempre, liberándose así tiempo para otras actividades o simplemente para el descanso.

Y lo que en condiciones normales era ya de por sí ventajoso, lo era aún más tratándose del relativamente difícil clima de Europa del norte. Hemos visto ya cómo las tierras del norte de Europa eran tierras mucho más ricas y fértiles para la agricultura que los espacios mediterráneos. Pero hemos visto que esta mayor fertilidad se contrapesaba también con un tipo de suelos más difíciles de arar (lo que propició el invento y difusión del arado pesado con vertedera y ruedas), y con un clima más húmedo y lluvioso, de cambios más bruscos y caprichosos que el clima seco, mediterráneo. Por tanto, un trabajo de arada más veloz y más duradero en cada jornada, permitía a los campesinos aprovechar mucho más los momentos favorables del clima, sacando el mayor provecho posible de las condiciones climáticas, en las situaciones en que éstas eran más propicias para ellos. Como señala Lynn White Jr: “Esta más grande velocidad y poder de resistencia del caballo es particularmente importante en el cambiante clima de Europa del norte, donde el éxito de una cosecha puede depender de un trabajo de arada y de siembra realizado bajo circunstancias favorables. Asimismo, la velocidad del caballo facilita en gran medida el rastreado, que es mucho más importante en el norte que en las cercanías del Mediterráneo donde el trabajo de arada en cruz deshace suficientemente bien los terrones (White, 1981:62). Por eso, con las ventajas que el uso del caballo implicaba, se hacía posible una más oportuna intervención de los campesinos dentro del ciclo agrícola, en las particulares condiciones de Europa septentrional.

Con todo esto, es claro el hecho de que los campesinos tenderían cada vez más a introducir al caballo en su agricultura, en sustitución de los antiguos bueyes. Porque al contar con este nuevo animal de tiro dentro de esta esfera específica, podrían desarrollar varias de sus labores principales —fundamentalmente la arada, pero también el rastreado[18] o el simple acarreo de los cereales ya segados en el momento de la cosecha—de un modo mucho más veloz, en jornadas de trabajo más prolongadas y en forma más ágil, amplia y oportuna que antes. Podían pues explotar y aprovechar las grandes ventajas de la nueva figura de existencia de la energía animal que el caballo representaba.[19]

Pero como ya hemos señalado, no sólo la agricultura se beneficia con la invención de la herradura con clavos y el nuevo arnés de collera rígida. También el transporte comenzó a ser efectuado cada vez más con caballos, que ahora movían no solamente el arado y la rastra, sino también las carretas de todo tipo.

Y dado que el transporte, lo mismo que el trabajo de arada, era ahora más veloz, podía incrementar entonces su radio de acción. En el mismo tiempo se llegaba más lejos, lo que hacía posible incorporar a los circuitos comerciales y al mercado todo un conjunto de productos nuevos, antes demasiado alejados de las rutas de comunicación. Así, cuando las condiciones económicas permitieron volver a activar los intercambios comerciales –lo que en términos generales se dio solamente hasta la segunda edad feudal—, esta reactivación tuvo un apoyo importante en el uso del caballo, introducido siglos antes, como nuevo animal de tiro de los transportes.

Y no sólo el transporte de las mercancías se convirtió en virtualmente más ágil y extenso, sino también el movimiento y desplazamiento de los propios hombres. La mayor velocidad y baratura de los transportes permitía a los campesinos alejarse un poco más del lugar en que se hallaban sus propias tierras de cultivo. Pero ¿para qué quería el campesino alejarse de estas tierras? Para acercarse más a otros hombres y convivir con ellos. Las pequeñas aglomeraciones de aldeas y pueblos enanos, que se asentaban en el centro de los terrenos de labor y muy cerca de ellos, pudieron ahora concentrarse y crecer de tamaño. En vez de 30 familias campesinas unidas en un reducido caserío, podían ahora constituirse pueblos de 500 familias, que aunque más alejadas de su espacio de trabajo, vivían en cambio una vida social más rica e intensa.

Así, con un transporte más rápido y barato que antes, al campesino no le preocupaba demasiado estar un poco más retirado de sus campos, siempre y cuando obtuviera a cambio un flujo de intercambios humanos mucho más desarrollado y complejo. Como dice Lynn White Jr.: “En una aldea grande de doscientas o trescientas familias no sólo habría una mejor defensa en las emergencias, sino también una taberna, una bella iglesia grande, tal vez una escuela conducida por el cura en la cual los niños podrían aprender sus primeras letras, y seguramente más pretendientes para sus hijas, y ya no solamente buhoneros con sus cargamentos sino comerciantes con carretas y noticias de partes distantes (White, 1981:67). Habrá pues una vida más “urbana”, y con ello, más desarrollada y progresiva en cuanto a los elementos y determinaciones sociales de la propia vida de los hombres.

Y si bien esta concentración y mayor desarrollo de las aglomeraciones urbanas medievales sólo se dará hacia la segunda edad feudal, resulta interesante constatar que este proceso tendrá uno de sus soportes importantes en esta agilización y perfeccionamiento del transporte, derivados de la introducción en gran escala del caballo como nueva fuerza motriz de esta actividad.[20]

La combinación de la herradura de clavos con el nuevo arnés de collera almohadillada provocó, como vemos, cambios muy importantes en la agricultura y el transporte. Dichos cambios aumentaron la productividad y el rendimiento de los esfuerzos humanos en dos campos directamente vinculados a la economía de los hombres. Era pues un progreso importante de las potencias o fuerzas productivas humanas.

Progreso que se refería sobre todo a la explotación y aprovechamiento de una nueva forma de energía animal, mayor en cantidad y en duración; más intensa o condensada en los momentos críticos de la producción, más económica en cuanto a su obtención y más veloz y segura en su utilización.

Pero el mundo medieval no conoció sólo este cambio, en lo que corresponde a las formas de energía empleadas. Junto al uso generalizado de los caballos, se desarrolló también una nueva forma de aprovechamiento de las fuentes energéticas naturales inanimadas: el uso de las corrientes de agua a través de los molinos hidráulicos.

Los molinos de agua, perfeccionados y extendidos a todo el espacio europeo a partir de los tiempos carolingios,[21] y durante toda la etapa feudal, son precisamente otro de los más importantes progresos tecnológicos realizados en el proceso de construcción y redondeamiento de las nuevas fuerzas productivas que estamos analizando. Con su adopción y difusión en escala social el período carolingio puso la última piedra principal de los cimientos materiales y tecnológicos sobre los cuales se ha edificado toda la vasta construcción feudal. Veamos cuál ha sido su importancia.[22]

El molino de agua ha sido inventado desde la antigüedad clásica, aunque su verdadero uso y construcción masiva sólo corresponde de hecho a la

Edad Media. No es necesario, en efecto, engañarse: invención antigua, el molino de agua es medieval desde el punto de vista de su efectiva difusión” (Bloch, 1974:83). Porque como sabemos, la sociedad de la antigüedad greco-latina era una sociedad que en el momento de su mayor expansión y desarrollo económico —en la’ etapa del Imperio romano tardío— se encontró apoyada en la esclavitud. Y la baratura del esclavo fue tan grande, y la lógica de “desarrollar la productividad y el rendimiento del trabajo” ante todo fue tan suficientemente marginal, que se bloqueó de hecho la aplicación y explotación de una gran parte de los descubrimientos y avances tecnológicos, entre ellos el molino hidráulico.[23]

Por eso, aunque tanto los griegos como los romanos conocieron dos tipos específicos del molino de agua, no llegaron a utilizarlos más que de un modo escaso y esporádico. Prefirieron seguir utilizando la energía humana esclava, tan abundante y tan poco apreciada por ellos en esta época, que sustituirla por la energía natural recién controlada. Se limitaron a explotar su invento sólo en casos excepcionales, heredando su verdadero aprovechamiento productivo a las sociedades posteriores que habrían de sucederles.[24]

Herencia cuya importancia histórico-universal radica en el hecho de que representa, como principio conquistado, la primera figura material de la maquinaria en la historia, la primera forma concreta de aparición de un instrumento de trabajo que ya no se limita a servir de auxiliar o complemento de la acción humana —que no hace pues las veces de herramienta—, sino que sustituye las potencias del trabajador por su propio movimiento, liberando al hombre de sus antiguos esfuerzos y ejecución. Como dice Marx: “Con el molino hidráulico, el Imperio romano nos había legado la forma elemental de toda maquinaria” (Marx, 1981: t. 1, vol. 2, p. 424). Y con ello nos había legado no sólo el elemento (la maquinaria) sino también el conjunto de principios mecánicos y la lógica del desarrollo tecnológico de los últimos diez siglos hasta la actualidad. Desde la última etapa de la Edad Media y hasta nuestros días, el sentido que ha tenido el desarrollo de las fuerzas productivas materiales no ha sido otro que el de reducir el papel y la importancia del factor humano dentro del trabajo, para sustituirlo con las diversas máquinas y mecanismos inanimados que tan explosiva difusión tienen hoy en día. Con la maquinaria, el hombre puede ser reducido a la mera función de supervisor y vigilante del acto laboral, el que entonces se convierte en un proceso cuasi-objetivo y otorga al hombre el tiempo libre necesario para su verdadero desarrollo social. La maquinaria es, pues, la condición objetiva primera para la verdadera liberación de los hombres respecto de la actividad del trabajo. Y la primera maquinaria que el hombre ha inventado en la historia es precisa-mente el molino movido por agua. Veamos entonces más de cerca, lo que entraña la aparición de este invento, y sobre todo el uso que la sociedad medieval ha hecho del mismo.

La antigüedad había conocido dos formas fundamentales del molino de agua: el molino llamado de tipo “griego o escandinavo”, a partir de su supuesta invención casi simultánea en el Asia menor y en Jutlandia, alrededor del siglo I a. C., y el molino de tipo “romano” descrito por Vitruvio en la época del Imperio romano, en el siglo I d. C. (Cfr. sobre este punto, los extractos de Marx [1984:88] a la obra de Poppe).

El molino de tipo griego era un mecanismo cuya rueda hidráulica se hallaba colocada en forma horizontal, totalmente sumergida en el agua, y que a través de un eje simple y fijo, sin engranes de ningún tipo, transmitía directamente su movimiento a la muela o piedra de moler. Con su aparición se había conquistado, ya, el primer modo eficaz de sustituir en lo esencial la fuerza y destreza humanas por el movimiento mecánico y la acción impulsora de los elementos objetivos, dando paso al desarrollo de la maquinaria dentro del proceso de trabajo humano.

Y aunque muy imperfecta en su diseño y muy limitada en sus posibilidades, esta primera figura de la maquinaria significaba, como hemos dicho, toda una nueva línea de evolución del progreso de las fuerzas productivas materiales, y un hito fundamental en el proceso de “formación de la base económica de la sociedad”. Porque a pesar de su simplicidad y de su no muy amplia aplicación, este tipo de molino presentaba ya las partes funcionales básicas de toda maquinaria y el uso de fuerzas motrices nuevas para su propio movimiento. Veamos esto más de cerca.

El molino de tipo griego o escandinavo era ya un mecanismo movido por las corrientes de agua, esto es, por una fuerza natural inanimada —no humana ni animal— que haciendo las veces de energía motriz impulsora, producía un movimiento mecánico que hacía funcionar al instrumento de trabajo y permitía obtener el producto deseado. Con ello se había obtenido una forma de energía completamente mecánica, no sujeta a las vicisitudes y problemas de los animales, donde la “voluntad” y posibilidad de movimiento libre” de las bestias funciona como obstáculo y fuente de errores permanente. Y además era una fuente de energía gratuita, que no implicaba los costos de reproducción de sí misma, como en el caso del ganado. Por eso dice Marx (1980b:78), “En todo caso, es evidente que la utilización de la fuerza del agua para poner en movimiento un mecanismo tenía gran importancia como principio particular. Importancia que estriba en el hecho de aprovechar las fuerzas de la naturaleza en cuanto tal, para mover las máquinas y mecanismos diversos de la producción, perfeccionando la forma del movimiento producido y reduciendo las fallas e imperfecciones de las modalidades anteriores del mismo. Creando pues la primera forma de explotación productiva de una fuerza natural mecánica que pone en funcionamiento el mecanismo motor de la nueva maquinaria recién inventada.

Porque como hemos ya dicho, y como señala también Marx (1980b: 80-81), “El molino […] puede considerarse el primer instrumento de trabajo al que se aplica el principio de la máquina”, convirtiéndolo así en la primera figura concreta de la maquinaria. Figura que, en cuanto tal, presenta ya de modo rudimentario y basto, las tres partes funcionales básicas de toda maquinaria: el mecanismo motor —aquí representado por la rueda hidráulica horizontal—, el mecanismo de transmisión —que está constituido por el eje fijo y simple que une a la rueda con la muela— y la máquina-herramienta o máquina de trabajo —que aquí es simple y fundamentalmente la piedra de moler o muela (Cfr. al respecto Marx, 1981: t. I, vol. 2, p. 463-464). Estas partes funcionales se pueden entender con mucho más claridad si se observan las gráficas que se presentan en la página siguiente.

Este molino de tipo griego o escandinavo es, pues, la primera forma de la maquinaria hidráulica legada por la antigüedad. De fácil construcción y uso, que no requería especialización alguna, y de costo relativamente bajo, el molino griego alcanzó una cierta difusión importante en el período de los reinos merovingios que hemos mencionado antes. Pero esta difusión, aunque de cierta amplitud, nunca fue comparable con la que logró el molino de tipo romano, que en el período siguiente acabó por desplazar a su antecesor griego o escandinavo, apoderándose de todo el territorio de Europa occidental.

Porque a pesar de su significación histórico-general ya desarrollada, el molino griego presentaba una serie de limitaciones, debidas a la simplicidad rústica de su diseño. En primer lugar, el hecho de que su velocidad dependía directamente de la velocidad de la corriente del agua que lo movía, variando con ella de modo inmediato y proporcional. Porque al ser el mecanismo de transmisión un eje simple y fijo, la velocidad del movimiento de la muela era siempre la misma que la velocidad de la rueda hidráulica. Y esta última variaba conforme la intensidad y magnitud del caudal del río dentro del cual se hallaba inmersa.

Pero los ríos del sur de Europa son ríos cuyo flujo hidráulico es particularmente irregular, alternando la magnitud de sus movimientos caudalosos y sus velocidades de un modo frecuente: “La irregularidad del reflujo propia del curso del agua de este clima no parece de hecho predestinarla a la función de fuerza motriz” (Bloch, 1974:77).[25]  Función que al ser desarrollada a pesar de todo por el molino griego, acrecentaba el inconveniente señalado de su rigidez en cuanto a la transmisión y control del movimiento.

Junto a esto, el molino de tipo griego poseía el inconveniente de que no permitía aprovechar toda la energía desplegada por el agua en movimiento. Al hallarse el mecanismo motor o rueda hidráulica completamente sumergida dentro de la corriente, una parte de la energía se desperdiciaba en vencer la resistencia que la propia corriente ejercía al movimiento de la rueda. Y aunque el punto de fuga de las aspas impulsaba y permitía el movimiento giratorio de la rueda en uno de los sentidos, gastaba sin embargo parte de la fuerza del río sin beneficio alguno?[26]

Por último, el modo de funcionar de este molino implicaba que los desperfectos en la rueda hidráulica horizontal o en el eje fueran más frecuentes que en el caso del molino romano, y además más difíciles de solventar. Para reparar una rueda averiada había que desmontarla completamente y sacarla a la superficie, del mismo modo que para componer el eje habría muchas veces que desarmar casi todo el molino. La conexión tan directa y rígida de todas las partes de este molino complicaba en mayor medida su adecuado mantenimiento. Era evidente, a partir de las limitaciones señaladas del molino escandinavo o griego que “[…] en los tiempos en que se construyeron los primeros molinos de agua no se preocupaba nadie de si era más provechoso dirigir el agua con más exactitud o construir las ruedas más eficazmente” (Marx, 1984:91).

Estas imperfecciones del molino griego o escandinavo fueron superadas en el molino de tipo “romano”, mecanismo más complejo que el primero, y con posibilidades de aplicación y explotación mucho más grandes. El molino romano es la segunda modalidad o figura de la maquinaria que la antigüedad heredó al mundo feudal, y la forma que comenzó a extenderse de un modo mucho más amplio en Europa, a partir de los tiempos carolingios en adelante.

A diferencia de su predecesor, este molino posee una rueda hidráulica colocada verticalmente, rueda que recibe el impacto de la corriente del agua desde abajo o desde arriba, y que a través de un juego de diversos engranes, transforma ese movimiento en movimiento horizontal transmitiéndolo entonces a la muela o piedra de moler. Estas diferencias se ilustran claramente en los siguientes dibujos:

Han cambiando entonces tanto la posición espacial del mecanismo motor, como el carácter del mecanismo de transmisión. Y con ello se han suprimido los inconvenientes de la anterior forma del molino hidráulico. Porque con la rueda hidráulica vertical sólo la parte del mecanismo motor que recibe el impacto e impulso de la corriente se halla en contacto con el caudal del río, eliminando así el efecto de resistencia que la propia agua imponía antes al giro de la rueda. Y dado que la resistencia del aire es notoriamente inferior a la del agua en movimiento, el aprovechamiento de la energía hidráulica es también claramente superior. E incluso, en el caso de que la rueda hidráulica reciba la corriente desde arriba, se agrega al impulso del agua en movimiento la fuerza de la gravedad obtenida por la caída del agua sobre la rueda, multiplicándose así, la fuerza motriz aprovechada por este nuevo tipo de mecanismo.

Junto a esto, el hecho de que la transmisión de esa energía se realice ahora a través de varias ruedas dentadas o engranajes, hace posible regular la velocidad del movimiento de la muela, obteniendo un funciona-miento uniforme y más controlado de la máquina-herramienta o máquina de trabajo. Porque a partir del juego de engranes no sólo se consigue convertir un movimiento vertical en horizontal, sino también graduar a voluntad la rapidez de ese movimiento, en base al diámetro y medida de la circunferencia de las ruedas dentadas utilizadas en dicho juego. Con ello, la irregularidad de las corrientes de los ríos que desembocan en el Mediterráneo es controlada y rebasada como barrera al uso de la energía mecánica hidráulic recién conquistada. Además, con el nuevo mecanismo de engranajes y con la rueda hidráulica vertical, desaparece la rigidez y la interconexión inmediata de todas las piezas del molino, con lo cual su reparación y mantenimiento se simplifican en gran medida. Ahora es más fácil y práctico componer las averías de cualquiera de las partes del mecanismo general, que se han vuelto más flexibles e independientes.

Por lo tanto, el molino de tipo romano no es sólo funcionalmente superior al de tipo griego o escandinavo, sino que representa también una figura más compleja y desarrollada de la propia maquinaria. A las diversas ventajas ya señaladas del molino griego, el molino romano suma el hecho de que constituye todo un sistema completo de movimiento mecánico, que lleva implícitos varios de los principios centrales y generales del desarrollo de toda maquinaria ulteriormente desarrollada. Como afirma Marx (1980b: 81): “Con la construcción del molino de agua se realizó de hecho un principio mecánico (el empleo de la fuerza motriz mecánica y su transformación mediante aparatos mecánicos) porque la rueda sobre la que cae el agua y el eje que transmite el movimiento a la muela, a través de un sistema de ruedas dentadas y de engranes, constituían un sistema completo de movimiento mecánico”.

Sistema completo de movimiento mecánico o primera figura histórico-universal de la maquinaria —en su segunda modalidad— que se mueve prácticamente por sí mismo, y donde el hombre sólo tiene la función de “alimentación de la maquinaria y supervisión o auxilio esporádico de su movimiento regular y adecuado. Mecanismo maquiniforme que, además de desarrollar por vez primera las partes funcionales básicas de toda maquinaria, implica también la aplicación de principios esenciales característicos del diseño de dicha maquinaria, tales como el principio de conversión de un tipo de movimiento en otro, y el de regulación de la velocidad de ese mismo movimiento para diversos fines. Elementos y principios de la construcción de máquinas, presentes en estos primeros molinos de agua, que permiten afirmar a Marx que “Desde este punto de vista se puede estudiar, por lo tanto, la historia de la mecánica precisamente sobre la historia del molino” (Marx, 1980b:81) [27]

He aquí las principales implicaciones de la generalización de los molinos de agua a partir de los tiempos carolingios.[28] Con la difusión y reasimilación de estos molinos, legados por la antigüedad, se completa prácticamente el equipo tecnológico básico de las fuerzas productivas materiales desarrolladas y/o actualizadas por el movimiento de transición de la antigüedad clásica al feudalismo. Con la única excepción importante de los molinos de viento, la sociedad feudal habrá de apoyar su desarrollo económico y sus distintas relaciones sociales, jurídicas y políticas, en el conjunto de nuevas fuerzas productivas hasta aquí reseñado. Y si como dice Marx, toda economía se reduce a ser economía de tiempo libre para los hombres, entonces el progreso “económico, así interpretado, desarrollado a partir de todo este conjunto de nuevas e importantes fuerzas productivas materiales y de su específica utilización, debe medirse aquí con parámetros de largo alcance. La profunda potenciación y el avance cualitativo tan importante de los poderes humanos frente a la naturaleza, generado como aspecto técnico-real del proceso de producción correspondiente al feudalismo, es lo que explica el hecho de que el modo de producción feudal represente un modo de producción superior al modo antiguo-clásico —incluida su descomposición bajo las formas de producción esclavistas— y un escalón más alto dentro de la serie progresiva de las etapas de formación de la base económica de la sociedad.

III

He aquí las principales fuerzas productivas específicas que conforman el lado técnico-real del modo de producción feudal. Dichas fuerzas productivas constituyen el esqueleto particular de la modalidad feudal del proceso laboral. Pero este proceso de trabajo concreto no existe sino dentro de una configuración económico-formal dada, dentro de un conjunto determinado de relaciones de producción que son el otro aspecto constitutivo del modo feudal de producir. Y al igual que en el caso de las fuerzas productivas, estas relaciones de producción derivan, en una medida importante, del mismo movimiento de síntesis entre las figuras germanas y las romanas.

¿Cuáles son estas relaciones, que forman la estructura económica del modo de producción feudal? En primer lugar, la relación feudal misma, que constituye el vínculo central que estructura la cohesión interna de la clase dominante feudal; en segundo lugar la relación de servidumbre, que es la relación económica primordial, y que prefigura el modo de explotación, del trabajo dentro de esta específica sociedad medieval; por último, las relaciones de dependencia personal, que además de hacerse presentes como rasgos de las dos anteriores, impregnan con su contenido a toda relación humana esencial desarrollada en esta época feudal. Relaciones básicas que, en su conjunto, conforman el aspecto económico-formal correspondiente al modo feudal de producción, el lado económico social del nuevo y más. progresivo sistema de producción.

Sistema de producción que entonces no sólo desarrolla o generaliza nuevos instrumentos de trabajo, formas de rotación de cultivos, formas nuevas combinadas de distintas actividades económicas o nuevas fuentes de energía motriz, sino que también crea, difunde y consolida nuevas relaciones económicas, antiguas formas de vinculación entre los hombres y rasgos económicos característicos de sus antecesores inmediatos. Porque al mismo tiempo que el recién creado arado pesado con vertedera y ruedas o el molino de agua, habrá de difundirse y consolidarse la relación de servidumbre económica incipientemente desarrollada en ambos pueblos; junto a la combinación regular de agricultura y ganadería, se expandirán simultáneamente las relaciones de dependencia personal; y paralelamente a la extensión de una agricultura más productiva y uniforme basada en parte en la nueva utilización productiva del caballo, avanzará también la con-formación de las nuevas unidades económicas autosuficientes, que concentrando en sí mismas el todo económico de la nueva sociedad, se constituirán en las células elementales del modo de producción en proceso de conformación. Junto, pues, a las nuevas fuerzas productivas materiales conquistadas y recapturadas, se desarrollarán las nuevas relaciones de producción dentro de las cuales habrán de moverse las primeras. Veamos esto con más detalle.

Los progresos materiales resultantes de las fuerzas productivas ya explicadas han gestado un cimiento económico mucho más productivo, amplio y diversificado que el de todas las formas productivas anteriores. Y con ello han permitido la creación de unidades económicas que, fortalecidas y consolidadas por este avance técnico-real, pueden ahora ser prácticamente autosuficientes en términos productivos y constituirse como el nuevo “todo económico característico de la sociedad feudal. Estas nuevas unidades no son otras que los feudos.[29]

Porque habíamos señalado que los rasgos germánicos ocupaban, dentro del proceso de mixtura que ahora analizamos, el papel dominante, la posición principal. Y uno de estos rasgos centrales es precisamente la autosuficiencia y aislamiento del hogar germano individual, célula económica elemental donde se agotan las principales relaciones económicas de la comunidad germánica, y, que se erige entonces, como el “todo económico de esta forma social. Al irse asentando entonces el modo de producción feudal sobre las nuevas conquistas materiales creadas, los germanos reproducen de nueva cuenta, pero sobre una base más compleja, su misma forma de organización anterior, sus antiguos rasgos característicos. La autosuficiencia y aislamiento del hogar germano individual se convierte ahora en la autosuficiencia y autonomización del feudo, puesto como la célula económica primaria del nuevo orden social. Pero ahora de un modo mucho más sólido y seguro, pues al abarcar dentro de sí la agricultura mejorada con las nuevas formas de cultivo y los nuevos instrumentos agrícolas, y la combinación regular con la actividad ganadera, el feudo garantiza su autorreproducción y auto-subsistencia por un largo tiempo. Ahora, él sólo puede nuevamente impulsar y desarrollar el crecimiento de la población, la extensión y difusión de distintas actividades no-económicas —aunque esto, sobre todo, para las clases dominantes— y la propagación y éxito de las nuevas relaciones sociales.

Pero ¿qué es más en particular, esta nueva célula económica llamada feudo?, ¿en qué relación se sustenta su funcionamiento general?, ¿qué conexión tiene con la relación feudal y con las relaciones de dependencia personal típicas de este período histórico de la vida europea? Veamos.

El feudo es, como ya mencionamos, una contrapartida material en tierras y hombres que la trabajan. Pero dicha contrapartida no es sino una nueva figura de la vieja riqueza efímera donada por los jefes guerreros germanos a sus seguidores —dentro de la típica relación del “comitatus de la comuna germana—, transformada ahora a partir de las nuevas condiciones imperantes dentro del mundo feudal. Nueva figura material de la riqueza, mediante la cual el señor feudal se asegura la fidelidad y entrega de sus vasallos.

Así, si el jefe guerrero germano ha dado paso al señor feudal, y sus antiguos gisind o comes —seguidores de armas, en alto alemán o en latín, respectivamente— se han convertido en vasallos, también la retribución material de estos últimos ha pasado de su originaria forma efímera y mueble —caballos, frameas, anillos, banquetes, armas— a otra permanente e inmueble, a la dotación de territorios productivos y de hombres que los hacen producir.

Y esto porque las nuevas formas de presentación de la riqueza material han modificado la base misma de los antiguos vínculos entre los hombres. La vieja relación de dependencia personal[30] característica de los pueblos germanos, se reproduce nuevamente dentro de la relación feudal clásica,[31] pero ahora de una manera mucho más rigurosa y regular, con un ritual más formal y con una fuerza e importancia mucho más grandes. Al abarcar en su base un aspecto económico más sólido, el vínculo entre las dos partes se convierte también en un vínculo más duradero e indestructible y en un lazo social que ahora pasa al primer plano de toda la estructura económica, proporcionándole al nuevo orden las formas específicas de su cohesión social.

La dependencia personal reaparece entonces como rasgo constitutivo esencial del vínculo feudal, bajo una forma enriquecida y más compleja. El antiguo jefe de armas germano es ahora el señor feudal rodeado de un importante cuerpo de vasallos, subsumidos a su protección, benevolencia y mando. Y aunque la principal demanda hacia esos vasallos sigue siendo la del apoyo militar y guerrero irrestricto, el señor feudal puede requerir a sus subordinados consejo ante los problemas, ayuda material para costear diversas ceremonias o actos sociales, alojamiento y manutención en la casa del vasallo cuando anda de excursión o de paso, e incluso presencia y auxilio en la impartición de justicia y en la aplicación de las leyes. Puede entonces demandar la reciprocidad de sus vasallos para los más diversos fines, porque la dependencia personal que ellos han contraído voluntariamente hacia él ya no se agota sólo en los momentos y actos de guerra, sino que se ha afianzado, regularizándose y extendiéndose a los más distintos campos de la vida social.

Y se ha afianzado de este modo porque la contrapartida recibida por los vasallos, como ya hemos dicho, también ha cambiado. De la simple entrega de regalos efímeros, obtenidos del botín guerrero, se ha pasado ahora a la donación de tierras y de hombres que la trabajan, al obsequio de rentas regulares derivadas de esas tierras o a la manutención, ahora regular, abundante y segura, dentro de la corte del señor. Así, si como dice Montesquieu “entre los germanos había vasallos, pero no había feudos; y no había feudos porque los príncipes no tenían tierras que dar (Montesquieu, 1973:382), ahora en cambio comenzaba a haber feudos, porque los príncipes ya tenían tierras que repartir, porque la riqueza material había mutado sus figuras y porque la nueva agricultura, mejorada y más desarrollada, había pasado al primer plano de la vida económica. El feudo era entonces la nueva recompensa dada por el señor en pago a la fidelidad y apego del vasallo.

Con ello, la relación de dependencia personal establecida entre señor y vasallo adquiere un carácter económico fundamental, que aunque en cierto sentido la fortalece, la despoja al mismo tiempo de su anterior estructura primitiva e ingenua, haciéndola más vulnerable a intereses de tipo igualmente económico.[32]

De este modo, la antigua dependencia personal de la comunidad germana adquiere su forma de reproducción privilegiada en la relación feudal, pero no se limita a ella, sino que se propaga y extiende como rasgo básico o como contenido central de las principales relaciones —económicas, pero también sociales en general— que tienen vigencia dentro de la sociedad característica de toda la Edad Media europea.[33] Y de simple relación entre el jefe guerrero germano y su corte de compañeros, se convierte poco a poco en la modalidad de entrelazamiento social más difundida y general de toda la sociedad feudal.

La relación feudal aparece entonces como la variante por excelencia que reproduce, de modo complejizado y enriquecido, la vieja dependencia personal típica de la organización militar germana, dependencia que al prefigurarse en torno a las nuevas formas de la riqueza material, crea el vínculo más característico e importante de la clase dominante feudal, el lazo esencial que concentra y cohesiona su unidad interna, tanto frente al exterior de Europa, como contra la clase de los siervos. “Lo primero que hizo el rey franco al convertirse de simple jefe militar supremo en un verdadero príncipe, fue transformar esas propiedades del pueblo en dominios reales, robarlas al pueblo y donarlas o concederlas en feudo a las personas de su séquito. Este séquito, formado primitivamente por su guardia militar personal y por el resto de los mandos subalternos, no tardó en verse reforzado no sólo con romanos (es decir, con galos romanizados) que muy pronto se hicieron indispensables por su educación y su conocimiento de la escritura y del latín vulgar y literario, así como del derecho del país, sino también con esclavos, siervos y libertos, que constituían su corte y entre los cuales elegía sus favoritos. A la más de esta gente se le donó al principio lotes de la tierra del pueblo; más tarde se le concedieron bajo la forma de beneficios, otorgados la mayoría de las veces, en los primeros tiempos, mientras vivía ese rey. Así se sentó la base de una nobleza nueva a expensas del pueblo” (Engels, s.f.a.: 175). Se introdujeron pues, entre el jefe y su séquito, los feudos, con lo que la anterior relación de mutua dependencia y de protección-subordinación se consolidó como una de las relaciones principales de la nueva forma económica, y como el nexo central de la nueva nobleza feudal.

Pero no de modo súbito e inmediato. En los agitados tiempos en que la conquista germana apenas va afianzándose, y en que la fusión de los pueblos sólo se produce gradualmente, los jefes guerreros de los germanos —cada vez más convertidos en señores— no quieren aún desprenderse total-mente de su corte de compañeros de armas —cada vez más transformados en vasallos—, pues la guerra y el enfrentamiento militar se hallan aún a la orden del día. Y saben bien que otorgándoles feudos a esos compañeros los incitan a ocuparse de los mismos, a residir en ellos y a sumergirse cada vez más en la vida sedentaria y agrícola, abandonado su espíritu e iniciativa bélicos. Por eso retienen consigo a una parte de los vasallos, a los que dan manutención, cobijo y abrigo, y que, junto al señor se mantienen aún siempre prestos para el combate y la lucha militar. A otros les otorgan, para su sustento, las rentas derivadas de una tierra determinada, sin entregarles directamente el usufructo de la misma. A otros, por último, les donan el feudo de un modo condicionado o temporal, bajo la forma conocida de beneficio o de precario. Pero poco a poco, conforme más se estabiliza el nuevo orden de la sociedad y más se completa la síntesis de los distintos pueblos, más tiende a imponerse la donación irrestricta y vitalicia de la tierra misma, la entrega del feudo en su forma más clásica y completa,[34] como la contrapartida de los servicios y la fidelidad del vasallo:

“[…] Al jefe de un grupo de vasallos, como a todo patrono, las condiciones generales de la economía no le dejaban elegir más que entre dos sistemas de remuneración. Podía retener al hombre en su vivienda, alimentarlo, vestirlo, y equiparlo a su costa. O bien atribuyéndole una tierra o al menos unas rentas fijas sacadas del suelo, dejarlo a su propio cuidado: a lo que se llamaba Chaser en los países de lengua francesa, o sea, dotarle de su vivienda particular (casa)” (Bloch, 1979: t. I, p. 188 y 189). Las nuevas formas de la riqueza imponían pues sólo estas pocas posibilidades de mantener el vínculo de dependencia y vasallaje. Y aunque durante los primeros siglos del modo de producción feudal todas ellas se dan realmente, el movimiento general se desplaza sólo en el sentido de consolidar y generalizar cada vez más la forma del feudo de posesión de tierras, forma donde el vínculo de señor a vasallo se hace más fuerte y permanente —pues va ahora de por medio un interés directamente económico— pero donde el mismo lazo pierde su intimidad y espontaneidad antiguas, haciéndose más distante e interesado. Al institucionalizarse como vínculo social general, el lazo de dependencia personal que ahora se realiza a través del feudo, puede erigirse como una de las relaciones sociales fundamentales de la nueva forma social, sólo al precio de despojarse de su primitivo carácter ingenuo y radical, de su aura de íntima entrega y amistad. Por eso resulta clara la siguiente afirmación de A. Thierry: Entre esos vasallos o leudes, los más adictos, los más útiles, como entonces se decía, eran los que viviendo cerca del rey y formando en tomo de su persona una guardia permanente tenían por salario la vida en común a su mesa o una exacción sobre los frutos de su dominio. Cabía contar menos con la fidelidad de los que domiciliados lejos y viviendo en sus propias casas gozaban por concesión real, del feudo o sueldo en tierras” (Thierry, 1946:63). Así se iban pues conformando y afianzando paso a paso, éstas abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus `superiores naturales” (Marx y Engels, 1970:33), y que se expandían cada vez más como las formas dominantes de vinculación entre los hombres.

Pero ésto sólo en lo que toca a la relación feudal, a la relación dentro de la cual el feudo era la contrapartida del vasallaje y el servicio de otro hombre. Pero no era igual en el interior del feudo mismo. Como hemos dicho, ese feudo consistía en tierras y en hombres que las trabajaban, o sea, en siervos sometidos al trabajo productivo, dentro de la unidad feudal. La relación feudal se apoyaba entonces en la relación interna de servidumbre que sostenía y apuntalaba la existencia del feudo mismo. Y esta relación servil era también, con las dimensiones e importancia que en este momento adquiría, un resultado de los nuevos progresos materiales vistos y de los sucesivos avances de la fusión entre los pueblos.

Porque la servidumbre no era un hecho nuevo ni para los germanos ni para los romanos. Entre los primeros había existido, como puede verse en Tácito, de un modo incipiente y marginal, asociada a la agricultura, que también comenzaba apenas a despuntar dentro de las actividades económicas de los germanos. Reducida en esta época a un simple tributo entregado por el siervo a su señor germano, dejaba sin embargo un amplio margen a las diversas actividades y necesidades del primero. Por su parte, los romanos también habían conocido en los tiempos del Imperio una forma de producción basada en la servidumbre, la forma del colonato. Como es sabido esta forma ligaba al colono-arrendatario a la tierra y por esta vía al señor. No podía separarse de ella y estaba obligado, por su usufructo, a entregar una renta fija al propietario y señor de esa tierra. Pero tenía también una importancia secundaria, frente a la relación de esclavitud que funcionaba como la verdadera base general de la producción social.[35]

Ahora en cambio, esta servidumbre comienza a extenderse y difundirse como la relación más importante de la nueva producción. Al desarrollar la nueva agricultura, superada y mejorada con todos los aportes romanos y germanos y con sus resultados, se desarrolla también la servidumbre liga-da a ella en la vieja estructura germana, y alimentándose de las similares relaciones serviles existentes incipientemente entre los romanos, se propaga poco a poco como la nueva forma dominante del trabajo social, como la modalidad característica del nuevo mundo en formación. Y con ello anula entonces la necesidad y posibilidad del trabajo esclavo, forma inferior de explotación del trabajador y totalmente en pugna con los nuevos progresos materiales de la base productiva creada.

Porque el esclavo había sido para los romanos no un hombre, sino un objeto, un “instrumento que habla. Un ser por tanto sin voluntad ni responsabilidad alguna, sin intereses propios reconocidos y sin relevancia específica dentro de la sociedad romana, que apoyándose en él lo rebajaba sin embargo a la más ínfima situación posible.[36] El esclavo no era un hombre, sino uno más de los medios necesarios para la producción y la economía, romanas. Y mientras era abundante, e incluso excedente, el esclavo podía ser efectivamente tratado como mero instrumento, como objeto de uso que igual se aprovechaba para el trabajo productivo que para los caprichos domésticos o para las fiestas y ceremonias diversas.

Pero la fusión de romanos y germanos había ensanchado el espacio de la historia, había abierto el territorio de toda Europa a las nuevas formas económicas. Junto a la escasez de esclavos característica de los últimos tiempos del Imperio romano, este ensanchamiento del territorio de la nueva forma histórica hacía cada vez más valiosos a los hombres que trabajaban, pues en relación con la tierra disponible, ellos eran más difíciles de retener y conseguir. La esclavitud no podía volver a ser el sostén de la producción social en un momento en que la fuerza de trabajo se volvía escasa y difícil de retener.

Además estamos, como vimos, frente a enormes progresos de las fuerzas productivas. La agricultura más regular e intensiva, más grande en rendimientos y completamente integrada con la producción ganadera, re-quería de una fuerza de trabajo que no fuera indiferente e incluso hostil al trabajo sino que se esforzara con cierta responsabilidad e interés propios en el mismo. Que aprovechando conscientemente los recientes progresos materiales tuviera una cierta diligencia y dedicación hacia la actividad productiva. Pero esa fuerza de trabajo no podía existir mientras se tratara a los hombres Como al ganado, como mero rebaño de medios productivos.

Por último, la esclavitud en cuanto tal no había sido conocida por los germanos primitivos.[37] Y en la medida que ellos eran los conquistadores, tenderían de entrada a reproducir sus propias formas de organización y de producción, antes que asimilarse las ajenas. La forma incipiente que ellos habían desarrollado, junto y para la agricultura igualmente en cierne, era la servidumbre de los hombres sometidos sólo en cuanto a un tributo, pero bastante libres e n cuanto a su modo, ritmo y formas de trabajo, y en cuanto al uso de su restante tiempo. Por eso, también esto iba contra la antigua base esclava de la agricultura romana.

Todo tendía pues a suprimir la esclavitud y a sustituirla por la servidumbre, por esta forma nueva de explotación que, elevando al trabajador a la condición de hombre (hombre sometido, pero igualmente humano, y no ya mero instrumentum vocale, mera cosa) delegaba en él una mayor autonomía, más responsabilidad y libertad en el trabajo, y más amplio margen de desarrollo y de capacidades diversas. Sustituía pues la vieja forma del trabajo esclavo por una más desarrollada y compleja situación y status del trabajador, por una forma económica histórico-progresiva más elevada del trabajo que, moviéndose aún dentro de los antagonismos de clase, se correspondía adecuadamente con los nuevos e importantes avances de las nuevas fuerzas productivas.[38] Así, el siervo, a diferencia del esclavo, podrá desarrollar entonces esa mayor disposición e interés en el trabajo, siendo más independiente en cuanto individuo, más seguro en cuanto trabajador y más firme en cuanto sostén productivo de la sociedad: “Como su régimen de vida es ahora mejor, su raza se perpetúa con más seguridad; sobre los campos que se le han cedido, su trabajo será de mejor calidad; como las rentas, de mejor o peor grado han de pagarse, será de su propio trabajo del que dependerá el excedente —al cual estaba sujeta su vida— de productos. Este siervo “no entregaba al’ amo más que una parte de los productos obtenidos con su trabajo; no le entregaba más que una parte de su tiempo [ … ] como tenía que vivir y pagar sus rentas, se imponía a todas luces que las corveas no ocuparan toda su jornada. No vivía todo el tiempo bajo las órdenes de otro hombre; tenía su propio hogar y él mismo dirigía el cultivo de sus campos; si se mostraba más diestro y activo que su vecino en el trabajo se alimentaría mejor que éste y, allí donde existiera podía vender sus productos al mercado (Bloch, 1980:166, 167). Tenía pues una mayor autonomía, iniciativa, libertad y amplitud de miras que el esclavo. Podía en consecuencia, y acorde con el espíritu germano, desarrollar los distintos rasgos de su individualidad propia, de un modo mucho más profundo y extenso que las anteriores clases sociales trabajadoras explotadas.

La servidumbre se imponía entonces como la forma general del trabajo, en todas las esferas de la producción económica. Los esclavos eran manumitidos de modo acelerado, y dotados de una tierra propia para su cultivo, a cambio de la prestación de servicios en la tierra de los señores y de ciertas entregas de productos a los mismos. Eran pues manumitidos con obediencia (Manumísiocum obsequio) en grandes proporciones: “[…] las manumisiones habían sido muy numerosas en la época de los reinos bárbaros y se habían dado a grupos muy amplios; por lo menos, eso dicen los textos, a pesar de sus terribles lagunas” (Bloch, 1980:170). Por su parte, los germanos extendían también en sus antiguos territorios la forma de trabajo basado en la servidumbre, la que junto con la agricultura se difundía aquí cada vez más como la nueva base de la producción. Todas las corrientes que, en la nueva situación, tendían a estabilizar nuevamente la producción, se unían en una sola marea que propagaba a toda Europa la relación de servidumbre y señorío, el trabajo servil: “[…] En ambas partes, la evolución durante la primera edad feudal debía orientarse en un mismo sentido, tendiendo, de manera uniforme, hacia una imposición creciente de los señoríos” (Bloch, 1979: t. I, p. 280).

Se daba pues un movimiento general de nivelación de todos los hombres sometidos o antiguamente explotados de distintas formas hacia la forma general y única de la servidumbre, hacia esta forma que reconociendo la condición humana semejante del hombre colocado como jerárquicamente inferior, le imponía el pago de un tributo o la realización de una prestación o servicio determinado en pago de la responsabilidad y dominio que el señor asumía sobre este individuo sometido. Porque por múltiples vías se iba consolidando lo que Marx considera uno de los rasgos centrales de la relación servil: la apropiación por parte de los nuevos o antiguos señores de la voluntad individual de los nuevos siervos a ellos subordinados. “La apropiación de una voluntad ajena es supuesto de la relación señorial (Marx, 1976: t. I, p. 462). Y esa apropiación se creaba al elevar al esclavo a la condición de hombre, manumitiéndolo y haciéndolo prestar servicios diversos en la casa del señor como siervo doméstico, o emancipándolo de su status anterior y dotándolo de tierra propia, a cambio de que trabajara cierto tiempo en la tierra del señor y de que entregara periódicamente cierto tipo y cantidad de productos.

O también, esa apropiación de una voluntad distinta se generalizaba cuando la antigua prestación personal realizada por el germano libre para costear los gastos comunes de la comunidad se convertía en una obligación impuesta y coercitiva por los antiguos jefes que, usurpando sus cargos comunitarios, se convertían a raíz de la conquista en señores de sus antiguos compañeros de la comuna.

Se afianzaba así, paso a paso, la esencia misma de la relación de servidumbre: relación donde un hombre somete a otro a su dominio, y apropiándose de su voluntad individual, lo obliga a efectuar para él diversas prestaciones en trabajo o servicios personales de un tipo cualquiera, o a entregarle distintos productos o frutos de su trabajo y donde a cambio, y en función del mismo dominio y señorío ejercidos sobre el hombre colocado en la condición servil, el señor asume cierta responsabilidad de res-peto de la propiedad, de protección, de manutención o de donación de tierras del siervo, sea como decimos, protegiendo su producción anterior, sea obligándolo a trabajar en la tierra y autosostenerse, u obligándolo a desempeñar otro tipo de actividad, al dotarlo de los medios necesarios para efectuar dichas tareas, tanto en medios de trabajo y de subsistencia diversos como directamente en tierras cultivables.[39] Lo que gráficamente puede esquematizarse así:

Relación amplia y con diversas variantes posibles que nos explica el hecho de que sus variadas figuras y combinaciones particulares puedan encontrarse a lo largo y ancho de todo el planeta, en los más distintos períodos históricos y dentro de las estructuras sociales más diferenciadas.

Figuras y combinaciones ricas en su concreción determinada que también explican la tradicional confusión que encuentra” feudalismos en todas las historias de los pueblos, a partir de que identifica una u otra modalidad particular de la servidumbre económica, una u otra manifestación de la esencia de esta relación, tal y como aquí la hemos definido.

Esencia que constituye entonces a la servidumbre como una relación de producción polivalente y casi universal, relación que lo mismo se hace presente cuando un conquistador se apodera de un antiguo agricultor, y, sometiéndolo, le impone un tributo a cambio de respetar su producción y trabajo anteriores, que cuando un antiguo jefe comunitario usurpa su cargo y transforma las antiguas prestaciones personales de los miembros de la comunidad en cargas serviles obligatorias y coercitivas,[40] o cuando el antiguo amo lleva a cabo la manumisión de sus antiguos esclavos, y elevándolos a la condición de humanos, los dota de tierra propia y les impone a cambio una cierta prestación de servicios personales y una determinada renta en productos. Esencia que también Engels percibe claramente cuando dice: “Es seguro que la servidumbre y la prestación de servicios no son una forma exclusiva del medioevo feudal; las encontrarnos en todas o casi todas partes donde los conquistadores hacen que los antiguos habitantes cultiven la tierra (por ejemplo, en Tesalia, en la remota antigüedad). Este hecho me ha conducido a error a mí y a muchos otros en lo que respecta a la servidumbre en la Edad Media; se estaba demasiado inclinado a fundarla simplemente sobre la conquista, lo que todo lo tornaba tan claro y fácil”. Véase, entre otros a Thierry (Marx y Engels, 1973b: t. II, p. 427-428).

Relación pues de servidumbre que aquí sólo nos muestra una de sus modalidades posibles, pero que igual existe, universalmente, a lo largo y ancho de las distintas historias de los pueblos humanos —universalidad donde se funda el error de concebir al feudalismo, que sobre ella se soporta, como igualmente universal, lo que es un craso error. Relación de servidumbre que entonces, como aclara Engels, no tiene su origen directa y simplemente en la conquista germana, sino que se constituye mediante un complejo combinado de las manumisiones de antiguos esclavos romanos, de extensiones, modificadas sobre la nueva base productiva, de la incipiente servidumbre presente en la comuna germánica y del retome y refundición de la forma servil del colonato romano aparecida antes de las migraciones de los pueblos. Servidumbre complicada que sintetizando todos estos antecedentes, uniforma el modo de relación con los trabajadores directos y da la infraestructura necesaria para la nueva sociedad feudal.[41] Servidumbre que también, aunque ocasionalmente, permanece como servidumbre doméstica, al emancipar a los esclavos sin dotarlos de tierra y hacerlos servir en casa del antiguo amo a cambio de su manutención, tiende en términos generales a convertirse cada vez más en servidumbre de la gleba, en relación de señorío donde el siervo es poseedor de una parte de tierra a cambio de una prestación personal especificada previamente: Por lo tanto, son necesarias relaciones de dependencia personal, la carencia de libertad personal, cualquiera que sea su grado, y el hallarse ligado a la tierra en cuanto accesorio de la misma la servidumbre de la gleba [hörigkeit] en el sentido propio del término (Marx, 1981: t. III, p. 1006). Porque en estos difíciles tiempos en que la fuerza de trabajo se ha hecho particularmente escasa, se hace cada vez más necesario retenerla, ligarla a la tierra propia y, por esta vía, encadenarla al servicio y sumisión respecto del señor que le ha dotado de tal tierra. Y así, en este multivariado movimiento de uniformación de las antiguas formas de explotación, todas las líneas desembocan siempre en esta ligazón del siervo con la tierra, en esta constitución del hombre cargado con los lazos serviles, en mero accesorio de la tierra, en pieza indisoluble y soldada al dominio señorial, en hombre sometido por y para el trabajo agrícola.[42]

El siervo es, pues, cada vez más puesto como mero accesorio de la tierra, como parte de ella. No en cuanto objeto o en cuanto instrumento parlante como el esclavo, sino en cuanto hombre sometido que, sin embargo es, cada vez más, sólo parte constitutiva del propio dominio señorial, del territorio mismo del feudo. Y con ello, el señor feudal integra completamente a la servidumbre como infraestructura del feudo, como soporte material de la propia relación feudal. Porque al colocar al hombre sometido a la servidumbre como mero accesorio de la tierra de la que él es propietario, lo que hace es integrar la relación de la servidumbre como mero momento de la propia relación feudal, como sostén material, fundamental pero subordinado, de la específica y característica estructura feudal de la producción. Y así puede entonces compaginar una modalidad particular de la cuasi-universal relación servil, con la peculiar y específicamente europea forma de organización feudal medieval, basada en la dependencia personal y en las viejas formas germanas, modificadas y refiguradas por los aportes romanos. Puede entonces hacer de la servidumbre sólo uno de los elementos constitutivos del modo de producción feudal, definido por muchos otros rasgos económicos y de la producción. Así, dice claramente Marx: La relación del retainer con su señor territorial, o la prestación personal, es esencialmente diferente. Pues en el fondo, ella representa sólo un modo de existencia del propietario mismo de la tierra, el cual ya no trabaja, pero cuya propiedad incluye entre las condiciones de la producción a los trabajadores mismos como siervos, etcétera” (Marx, 1976: t. I, p. 462). El propietario feudal ha sido entonces emancipado del trabajo de la tierra, en virtud de la relación de servidumbre interna al feudo mismo. Pero el carácter feudal de su producción no depende de esta relación servil, sino que la incluye como supuesto de la misma.

La servidumbre, a su vez, no hace más que garantizar la producción interna del feudo, dar el trabajo de reproducción de la entidad feudal, previamente constituida e independientemente generada. No hace pues más que ponerse como palanca o medio de la reproducción y consolidación de la relación feudal que, integrándola, la trasciende e incluso refigura de acuerdo con sus necesidades y determinaciones propias. Porque la propia particularidad histórica que la servidumbre presenta en esta época le viene dada precisamente por su inserción dentro de la relación feudal, por los rasgos característicos de esta última: la servidumbre específica del mundo feudal es una servidumbre teñida, en mayor o menor medida, por la dependencia personal característica de la relación feudal, por el vínculo de protección y entrega que hemos explicado un poco más atrás.

Porque en esta sociedad en gestación, donde el principal vínculo social que los hombres tienden a establecer es el de la dependencia personal, no resultan muy claros los límites del mismo. Y aunque su forma acabada y completa se da principalmente entre los estratos superiores de la sociedad, su esencia se propaga hacia toda la pirámide social, reproduciéndose más o menos imperfectamente en todo lugar donde dos hombres traban entre sí una relación social duradera e importante. La servidumbre adquiere entonces, junto a sus rasgos generales, un carácter particular como relación también inmediata de una cierta dependencia personal, reproduciendo de algún modo la entrega y sumisión absoluta del siervo y la protección patriarcal y apoyo del señor: “Ser hombre de otro hombre: no hay en todo el vocabulario feudal alianza de palabras más extendida que ésta, ni de un sentido más pleno. Común a las lenguas románicas y germánicas, servía para expresar la dependencia personal, fuese cual fuese la naturaleza jurídica exacta del vínculo y sin que sirviese de óbice ninguna distinción de clase. El conde era el hombre del rey, como el siervo era el de su señor rural (Bloch, 1979: t. I, p. 167). Todos los hombres de esta sociedad feudal en formación, estaban pues, ligados a otros por un vínculo de dependencia personal.[43] Con más o menos perfección y más o menos adecuación, ese vínculo permeaba toda relación entre los hombres y también entonces el de la servidumbre.[44] Sólo un siervo feudal podía decir que era “el hombre” de su señor rural, cosa que no diría un siervo sometido por un conquistador extranjero, ni un campesino cuya tierra hubiese sido usurpada para someterlo a la condición servil. Porque sólo la servidumbre específicamente feudal, teñida por los rasgos de la dependencia personal, podía llegar á tales modalidades del nexo entre los miembros componentes del señorío y producir tales concepciones entre los hombres. Bajo este velo de la dependencia personal entre señor rural y siervo se ocultaba la explotación económica del segundo por el primero, mistificándose su verdadero sentido primordial. Pero ante la carencia de otras formas de vinculación social entre las personas —tales como la relación comunitaria, los vínculos sanguíneos gentiles, la relación de miembro de la entidad urbana o ciudad, etcétera—, los lazos de la dependencia personal, en sus múltiples figuras, habrían de cobrar una fuerza y extensión particularmente amplias.

La modalidad específicamente feudal de la servidumbre consiste, entonces, tanto en su carácter centralizado respecto a su forma como servidumbre de la gleba —o sea, donde el siervo es considerado accesorio de la tierra y establece a través de ella su servidumbre respecto al señor— como en su particular carácter de relación servil revestida como relación de dependencia personal entre siervo y señor.[45] La generalidad y universalidad del vínculo entre señorío y servidumbre se particulariza aquí, a partir de uno de los rasgos definitorios y esenciales de la relación clásicamente feudal, a partir de dicha dependencia personal, adquiriendo así su figura particular europeo-medieval.

He aquí las principales relaciones de producción características del modo de producción feudal, los principales elementos de su lado económico-formal.

IV

Éstos son, brevemente expuestos, los dos aspectos constitutivos o definitorios del modo de producción feudal. Para Marx, el reconocer la exclusividad europea —y japonesa por excepción— del desarrollo de esta forma de producir, no implica sin embargo negar ni su especificidad —que hemos tratado de desarrollar aquí— ni sobre todo su profunda significación histórico-universal, su carácter histórico progresivo dentro del proceso general de formación de la base económica de la sociedad.

Porque, como hemos visto, el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado en esta etapa es de tales dimensiones que permite a Europa “despegarse”, en cuanto a niveles de progreso, respecto de toda el resto del planeta. Si al comenzar la Alta edad media, China es aún la civilización más compleja y desarrollada del mundo, y Europa le sigue de cerca los pasos, al finalizar el período medieval, en cambio, es ya la región europea de nuestro globo la que se halla a la cabeza de la carrera” o marcha general de la humanidad, y además con una ventaja que es ya apreciable-mente considerable. Y por eso es a partir de la tecnología, de la productividad y del progreso material alcanzado en el “oscuro medioevo, que Europa puede proyectarse por todos los mares y continentes de la tierra, conquistándolos, sometiéndolos y subordinándolos a la dinámica de su propia evolución, la dinámica de constitución del nuevo modo de producción capitalista.[46] Como hemos visto, es a partir del nuevo equipo tecnológico, correspondiente al modo feudal de producción, que Europa acelera inusitadamente su desarrollo, creando las premisas fundamentales para la apertura de esa “nueva época históricaque se inaugura con la sociedad burguesa moderna.

Sociedad burguesa que también debe mucho a los progresos alcanzados en el otro plano del modo de producción, a los avances en las relaciones económicas básicas desarrolladas durante este período. Porque es también a partir de la relación de servidumbre feudal que se preparan las nuevas formas de explotación económica del trabajo que habrán de tener vigencia en la forma capitalista. El trabajo “libre que es la precondición funda-mental del mundo del capital; se apoya, en cierta medida, en el desarrollo importante de los hombres explotados dentro de la servidumbre y dentro de las relaciones diversas signadas por la dependencia personal antes explicadas. La revaloración humana que el medioevo hace del hombre colocado como siervo y su inserción directa dentro de variadas relaciones directas de dependencia personal, desarrollan en él una serie de capacidades y posibilidades de autopercepción que andando el tiempo, facilitarán su separación de los medios de producción y su conversión en mera fuerza de trabajo potencial, en trabajador asalariado para el capital.

Por eso, el estudio y comprensión adecuadas del modo de producción feudal no es un mero ejercicio intelectual o un pasatiempo erudito. Es más bien el esfuerzo por entender, en lo concreto de un caso histórico particular, el sentido histórico progresivo de la evolución humana, las vías reales de formación, paso a paso, de la verdadera base económica de la futura sociedad libre de los hombres. Es también el intento de poner a prueba, a la luz del conocimiento histórico antiguo y contemporáneo, la validez de una concepción específica de “lo histórico, de la concepción materialista de la historia. Y es, por último, la posibilidad de corroborar, en el análisis concreto de una sociedad dada, la fuerza, alcances y potencialidades abiertas por una cosmovisión que aún marca con todo su sello, la atmósfera intelectual de nuestros días.

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À * El cuerpo principal de este artículo lo constituyen partes de los capítulos IV y V del libro Las luminosas edades oscuras. La concepción marxista sobre la transición de la antigüedad al feudalismo, de próxima publicación. Hemos agregado algunas consideraciones introductorias sobre el concepto de modo de producción feudal y sobre su connotación dentro de la concepción materialista de la historia, así como retocado, en general, la presentación actual.

[1] Recuérdese la tesis de Marx —presente lo mismo en El Capital o en la Contribución a la crítica de la economía política, que en la Ideología Alemana o en los Grundrisse— en cuanto a que vivimos aún dentro de la prehistoria humana, dentro del reino de la necesidad. Al estar marcados con la herencia del predominio de la naturaleza sobre el hombre, todas las sociedades hasta la actualidad han vivido centradas en el desarrollo de actividades predeterminadas y exteriormente impuestas —como la actividad de la producción— y dentro de relaciones “necesarias e independientes de su voluntad”. En cambio “Los individuos universalmente desarrollados, cuyas relaciones sociales en cuanto relaciones propias y colectivas están ya sometidas a su propio control colectivo, no son un producto de la naturaleza, sino de la historia” (Marx, 1976: t. I, p. 89-90) y sólo habrán de existir allende el modo de producción capitalista, dando inicio real a la historia humana.

[2] Problema aparte lo constituye la pregunta de por qué ha sido una especial región del planeta (Europa) la que ha podido desarrollar la mayor parte de esas etapas progresivas del proceso de formación de la base económica de la sociedad. Aquí se aportan marginalmente algunos elementos de solución a este punto.

[3] Resulta interesante señalar que en su obra, Marx no habla sólo de los modos de producción mencionados en el Prólogo, sino también, por ejemplo, del modo de producción de la pequeña propiedad parcelaria (Marx, 1981: t. 3, v. 8, p. 1021-1034) o del modo de producción característico de la organización corporativa gremial medieval (Marx, 1976: t. 1, p. 433-477). Estas referencias nos refuerzan en la idea de que el concepto modo de producción es prácticamente el mismo que el de pro-ceso de producción. Así, aunque los dos casos mencionados son variantes reales o formas concretas de los procesos productivos —y por tanto, modos de producción diversos— no representan, sin embargo, etapas progresivas en el proceso de formación de la base económica de la sociedad. Por eso no están incluidos en la enumeración de Marx. Otro punto digno de ser destacado es que Marx no designa a los modos de producción a partir de las relaciones económicas centrales que ellos implican, sino por algún rasgo geográfico (asiático), temporal (antiguo) , o particular (moderno burgués) que los singulariza y ubica inmediatamente. En el caso que nos ocupa, creemos posible que Marx lo llame modo de producción feudal por estar centrado en torno al feudo —su unidad económica básica— y a la relación feudal, tan característica de la Edad Media europeo-occidental.

[4] De los principales textos y afirmaciones de Marx y Engels parece desprenderse la idea de que el modo de producción feudal es exclusivamente europeo y japonés por excepción (Cfr. por ejemplo, Marx, 1981: t. I, v. I, p. 172 y v. 3, p. 897.) Por tanto, el feudalismo sería algo restringido sólo a Europa y Japón, aunque la servidumbre, que le subyace como una de sus bases fundamentales, sería en cambio una relación cuasi-universal de desarrollo. De ahí la confusión y la polémica sobre la universalidad o exclusividad del feudalismo como sistema social. En cuanto a esta discusión —una de las más importantes y de las más típicas en torno al feudalismo—, que se inaugura desde los textos de Voltaire y Montesquieu, véase por ejemplo: Boutruche (1973: Introducción y p. 125-267); Bloch (1979: v. 2, p. 187-202) ; Colliva (1981) ; Udatzova y Gutnova (1980) ; Vilar y otros (1976: p. 205-341) . Sobre el caso particular del Japón cfr. K. Takahashi, “La place de la Revolution de Meiji dans L’histoire agraire du Japon”, y sus contribuciones al debate en Du feodalisme au capitalismo: problemes de la transition, vol. I, pág. 95-141 y vol. 2, pág. 23-81).

[5] Así, dice: “[…] la Edad Media (época germánica) surge de la tierra como sede de la historia […]” (Marx, 1976, t. 1: 442). Esta idea proviene de Hegel que en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, trata a la Edad Media como uno de los periodos del “mundo económico”.

[6] Por citar sólo dos ejemplos cercanos al propio Marx, cfr. la opinión de Voltaire (1959: 245-246) o Thierry (1875) . Para ambos, la sociedad europea se barbariza en la Edad Media, retrocediendo con respecto a los alcances de la antigüedad romana. Aún a principios de este siglo esta concepción ha sido sostenida por ejemplo por Lot (1956:353) o por Pirenne (1981:24, 27 y 29; 1978:190-191; 1941:11-12; 1980: 21-37).

[7] Dice Engels (1969a:644), por ejemplo, “La Edad Media era considerada como una simple interrupción de la historia por un estado milenario de barbarie general; los grandes progresos de la Edad Media, la expansión del campo cultural europeo. las grandes naciones viables que habían ido formándose unas junto a otras durante este período y, finalmente, los enormes progresos técnicos de los siglos XIV y XV: nada de esto se veía”. Véase también Engels (1981c), Marx (1980b y 1981). Por lo demás, también en esta reivindicación del sentido progresivo del medievo, Marx y Engels han seguido de cerca a Hegel, quien declara enfáticamente que “la humanidad se hizo libre no tanto de la servidumbre, como por la servidumbre” (Hegel, 1974: 655).

[8] Estamos hablando, en términos cronológicos, de los períodos merovingio y carolingio, de los siglos V al IX de nuestra era. Es casi lo que en ciertas periodizaciones tradicionales se conoce como la alta Edad Media. Al respecto, cfr. la periodización de Hegel (1974: 571-573).

[9] Para una caracterización general del modo de producción y de la sociedad que corresponden a la comuna germana de antes de las invasiones, debe consultarse sobre todo a Tácito, en su célebre texto sobre La Germania (De origine et moribus germanorum). También puede verse a Julio César, quien en sus Comentarios de la guerra de las Galias habla sobre el carácter y costumbres de los germanos, un siglo y medio antes de Tácito (cfr. Libro VI, caps. XI-XXVIII). Muy importante es la caracterización de Marx en sus “Formaciones económicas precapitalistas” (Marx, 1976: t. I, 433-477). También pueden consultarse Engels (1969c); Engels, (s. f.); Dopsch, (1951) ; o Brunner (1936) , por citar solamente algunos de los más importantes.

[10] Recordemos aquí, sólo de paso, la idea de Marx: “Lo que diferencia unas épocas de otras no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace” (Marx, 1981: t. 1, v. 1, p. 218) . Es exactamente de lo que aquí se trata. No era tan importante lo que se iba a hacer, esto es difundir la agricultura masivamente al norte de Europa, sino cómo se iba a hacer, a través de qué medios de trabajo se iba a realizar. Y en este contexto, la invención del arado pesado con vertedera y ruedas marca un punto importante dentro del progreso general de las fuerzas productivas y simboliza la conformación y unidad de la entidad Europa sobre una base agrícola más desarrollada y progresiva que todas las etapas anteriores.

[11] Sobre las diferencias entre este arado pesado y el antiguo arado ligero puede consultarse la importante y documentada obra de Haudricourt y Brunhes (1955). Aunque no coincidimos del todo en sus tesis, es una obra que no puede omitirse respecto a este problema. También en relación con la importancia e implicaciones de la invención de este nuevo arado, puede verse a Slicher (1978:90-92), Forbes (1958: 120-121), Bernal (1972: 351), Duby (1979: 20), Oarkley (1980: 103). Abundantes grabados e ilustraciones de dicho arado y de sus diversas variantes, pueden verse en la obra citada de Haudricourt y Delamarre, en el texto de Pounds (1981: 224) y en Crombie (1979: 237). Referencias y desarrollos más detenidos se encuentran en Hodgget (1974: 24-31) y Bloch (1978:210-212). Pero sin duda alguna, la exposición más completa, precisa e importante está en el libro ya citado de White (1981). En este excelente texto nos hemos basado para todo el tratamiento del problema que aquí realizamos. Más adelante volveremos a utilizarlo para otros puntos decisivos.

[12] Tepe: pedazo de tierra cubierto de césped y muy trabado con las raíces de esta hierba.

[13] Hay polémica aún acerca del momento en que fue inventado este arado pesado con vertedera y ruedas. Sin embargo, lo que es un hecho aceptado es que su difusión y existencia generalizadas sólo se realizan a partir de la conversión de las tierras del norte de Europa en tierras destinadas fundamentalmente a la agricultura. Y esto es lo realmente importante para nuestro argumento.

[14] La guadaña, de mango mucho más largo que la hoz, permite cortar o segar el heno al ras del suelo, con lo cual la planta destinada a forraje se aprovecha completamente. El trigo, en cambio, no requiere ser cortado al ras del suelo, sino que se siega sólo a partir de donde comienza la espiga, dejando los tallos como abono para la tierra o como alimento para los animales. Por eso, antes de la producción regular de forraje para la ganadería sistemática, la guadaña ha sido un instrumento excepcional, frente a la hoz, mucho más difundida y habitual.

[15] Referencias a la rotación trienal y su papel en esta época pueden verse en Bloch (1978:128-134), Slicher (1978:85-89), Forbes (1958121-122), Bernal (1972: 351), Crombie (1979:174-175), Jerry y Williams (1977:41), Bloch (1974:208), Oakley (1980:104), Hodggett (1974:27-29), Pounds (1981:222-227), Kula (1978:66-67). La mejor exposición es, sin embargo, una vez más, la de Lynn White Jr.

[16] Según Lynn White Jr. sería incluso la relativamente tardía extensión y afianzamiento de este sistema de rotación trienal lo que explicaría también que la sustitución del buey por el caballo en distintas actividades se haya dado hasta el período carolingio y el principio de la primera edad feudal, a pesar de que las otras dos condiciones serán cronológicamente anteriores a dicho sistema. Aunque el punto de la datación histórica de estos progresos es aún polémico, lo esencial para nosotros es más bien su conexión especifica entre si y con el resto de las relaciones económicas que analizamos. También para la exposición siguiente de varios de los progresos tecnológicos carolingios, hemos seguido muy de cerca a este autor (Cfr. su bibliografía al final de este artículo).

[17] Sobre este punto pueden consultarse no solamente a Lynn White Jr. (1981: 59-69), sino también a Usher (1941:113-119 y 131-133), Haudricourt y Delamarre (1955: cap. IX, p. 155-190) y Gille (1962: 443-445). Sin embargo, la fuente común de todos ellos y el más importante trabajo sobre esto es el de Lefevre.

[18] El trabajo de rastreado es el de allanar y aplanar la tierra después de los trabajos de arada.

[19] De este modo, es claro que la sustitución del buey por el caballo en la agricultura representa la introducción de un nuevo instrumento de trabajo dentro de la misma, y en particular de un instrumento vinculado a la fuente de energía utilizada dentro de todo el proceso. Dice Marx sobre esto: “El animal es, grosso modo, sólo el más antiguo instrumento del hombre, como lo ha demostrado Turgot” (Marx, 1980: 80). Allí mismo, Marx califica a los animales usados por el hombre en los procesos productivos como “locomotoras vivientes”, donde resalta su función como formas de energía motriz. En este sentido puede también recogerse la afirmación de Lynn White Jr. cuando dice que la introducción generalizada del caballo en la agricultura marca una época en la aplicación de la energía a la agricultura” (White, 1981:63),

[20] De este modo, este avance en cuanto a los medios de transporte medievales, conquistado virtualmente ya desde este período que analizamos, será un apoyo de cierto peso para la evolución ulterior de la Edad Media “cuyo desarrollo posterior se convierte luego en una contraposición entre ciudad y campo” según dice Marx (Marx, 1976: v. 1, p. 442). Pero esto sólo en unión de muchas otras causas, que determinan hacia el fin de la primera edad feudal el nacimiento y desarrollo generalizado de la ciudad medieval.

[21] Es igualmente polémica la datación sobre el momento en que los molinos de agua comenzaron a extenderse de un modo masivo en toda Europa. Desde nuestro punto de vista esto no es tan importante. Aunque se ubique la difusión generalizada de este importante avance técnico un par de siglos después de Carlomagno, lo realmente importante es el hecho de que con estos molinos de agua —y un poco más tarde con los molinos de viento, que en su desarrollo y progreso siguen casi los mismos pasos que los molinos hidráulicos— se completa en líneas generales el equipo tecnológico característico que corresponde al modo de producción feudal en cuanto tal. Luego de la adopción y socialización en gran escala de estos molinos de agua -y por extensión de viento también— la sociedad feudal ya no habrá de realizar progresos demasiado significativos en la estera de las fuerzas productivas materiales. Será hasta el ocaso de dicha forma feudal, y ya nuevamente en la transición hacia la forma siguiente, cuando se desencadene la subsecuente “oleada” de invenciones y avances tecnológicos, sobre los cuales habrá de levantarse la sociedad capitalista en cierne. Como vemos, es particularmente en los periodos de transición donde se concentra con predilección el desarrollo importante y progresivo de las tuerzas productivas materiales. (Cfr. al respecto el “Prólogo” a la Contribución a la crítica de la economía política, de Marx.)

[22] Para la exposición siguiente nos hemos apoyado sobre todo en Usher (1941: 121-141) y Bloch (1974:73-110). También son esenciales los comentarios de Marx (1980b y 1984) que citaremos después. Otras referencias importantes al punto pueden verse en White (1981:80-89), Deshayes (1962:463-469) y Mumford (1982:132-137). En cualquier otra historia de la técnica (cfr. la bibliografía al final) se menciona siempre este descubrimiento, aunque sin aquilatar en todos los casos su profunda significación. Por otra parte nos parecen totalmente discutibles las tesis y afirmaciones de Dockes (1984:201-202 y 208-238) sobre el molino de agua. Se trata clara-mente de una sobrepolitización del problema, tan característica de la corriente a la que él pertenece. También su “relativización” del progreso técnico de Europa occidental en los siglos IV-IX (ibid: 197-208) nos parece criticable y completamente endeble. Después de lo aquí desarrollado no creemos necesario entrar a una crítica pormenorizada de sus argumentos y afirmaciones.

[23] Cfr. al respecto “Innovación técnica y progreso económico en el mundo antiguo” en La Grecia antigua de M. I. Finley.

[24] He aquí un claro ejemplo que nos previene contra una visión simplista del papel del progreso técnico dentro de la evolución histórica. El desarrollo de las fuerzas productivas tiene sin duda una tendencia acumulativa y progresiva, y un papel esencial dentro de las distintas formaciones sociales humanas, pero su vigencia específica y su modo de influir sobre los distintos planos de la totalidad social es algo sumamente complejo, y en absoluto lineal, mecánico o uniforme. El paso que va de la invención o descubrimiento científico, a la innovación tecnológica —o aplicación empírica de esa invención— y a su difusión generalizada —o socialización de esa innovación— no se cumple automáticamente, sino que está influido por las condiciones sociales específicas y por el “medio histórico del que hablaba Marx (cfr. Carta a la redacción de Otiechestviennie Zapiski de fines de 1877). Para el ejemplo particular del progreso técnico en la antigüedad, véase M. I. Finley, Economía de la Antigüedad, pág. 101, 114-116, 156-160 y 204-208. Para el período medieval cfr. el interesante articulo de Lynn White Jr. “Cultural climates and technological advance in the middle ages”, en Medieval religion and technology, pág. 217-253.

[25] Y si a pesar de todo, es aquí en donde primeramente se han construido y utilizado los molinos hidráulicos —por lo menos simultáneamente a los molinos escandinavos, y teniendo en el Mediterráneo un desarrollo y complejización mayores— eso sólo se debe al hecho de que a pesar de su irregularidad, los ríos no se congelan en esta zona mediterránea, mientras que en el norte de Europa dicho congelamiento inutiliza los molinos de agua, por importantes períodos en el año. (Al respecto cfr. igualmente el artículo de M. Bloch “Avvento e conquiste del molino ad acqua”, ya citado.)

[26] En este sentido podemos asumir el extracto que hace Marx (1984:91) cuando dice: “Se preocupaban poco en construir máquinas con baja fricción y que pudiesen funcionar con un mínimo posible de fuerza de movimiento. Se confiaba totalmente, y sólo, en la fuerza de movimiento [externa]. Ésta tenía que vencer las resistencias que se le presentaban y superar todos los errores de la máquina”.

[27] Muy interesantes son los desarrollos e hipótesis con los que Marx ilustra esta última idea citada. Ellos se hallan incluidos en el texto mencionado de Capital y tecnología. Aquí debimos circunscribirnos solamente a los que se refieren a los molinos hidráulicos en particular.

[28] No entramos aquí a explicar la significación e importancia de los molinos de agua durante la primera y segunda edades feudales. Bástenos señalar que dichos molinos han sido uno de los principales motivos de la lucha de clases social y política a lo largo de todo el medioevo, y uno de los soportes importantes del desarrollo de las industrias medievales, tanto de la textil y la siderúrgica, como de la de curtido de pieles y de trabajo de la madera, entre otras.

[29] El feudo, definido de acuerdo con su figura clásica, completa y más acabada, es una determinada cantidad de tierras y de hombres sometidos o siervos que la trabajan, que son entregados al señor feudal de un modo vitalicio e incondicional y como contrapartida material de los servicios fundamentalmente militares recibidos por parte del vasallo. Es pues el componente material o económico de la relación feudal en cuanto tal. Al respecto cfr. Bloch (1979: t. I, libro II, 2a. parte) y los artículos “European feudalism” y “Les formes de la rupture de l’hommage dares rancien droit feodal” en Bloch (1983: t. I).

[30] Entendemos la relación de dependencia personal como una relación directa e inmediata entablada entre dos personas a partir del reconocimiento y asunción de ciertas cualidades y atributos personales de los miembros que la entablan. Relación doble que es de una parte entrega y reconocimiento de una de las personas, y de la otra respaldo y protección, uniendo profundamente a ambas personas en tanto personas y haciéndolas interdependientes de modo inmediato. La dependencia personal puede tener, obviamente, diversas formas de manifestación, según el con-texto y momento en que aparezca. Ella se presenta como relación básica y central dentro de la comunidad germánica, de donde es transmitida y difundida a la Edad Media europea.

[31] La relación feudal clásica es entonces una relación de dependencia personal directa, contraída libre y voluntariamente entre dos hombres, y cuyo fin esencial es un fin militar —aunque el componente económico es también muy importante. pero no el fundamental—; relación en la que el hombre colocado en la posición superior o señor feudal, recibe del subordinado o vasallo servicios y apoyo funda-mentalmente militares, otorgando en cambio la propiedad vitalicia sobre una tierra determinada y el mando sobre los hombres o siervos que la trabajan, es decir, otorgando en cambio el feudo. En este sentido, la relación feudal es la relación principal de cohesión interna de la clase dominante feudal, su mecanismo básico de unidad. De ahí que su contenido económico, aunque importante, no sea el central de esta relación, pues se trata de un nexo establecido entre miembros que son a priori, hombres con poder económico y parte integrante de la clase que explota económicamente a otras.

[32] Por eso, serán precisamente causas económicas, el pasar a primer plano de los rasgos económicos de la relación feudal, lo que terminará por disolverla (Cfr. Bloch 1979: t. I, p. 245-276).

[33] Al punto que Marx puede decirnos: “La tenebrosa Edad Media europea. En lugar del hombre independiente nos encontramos con que aquí todos están liga-dos por lazos de dependencia: siervos de la gleba y terratenientes, vasallos y grandes señores, seglares y clérigos. La dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales en que tiene lugar la producción material como las otras esferas de la vida estructuradas sobre dicha producción” (Marx, 1981: t. I, vol. I, p. 94). La dependencia personal parecería ser entonces el vínculo o rasgo característico de toda relación social posible dentro de este orden.

[34] El feudo que consiste en tierras y siervos, y que es la contraprestación vitalicia de un apoyo y servicios guerreros es pues, como mencionamos, la forma acabada, clásica y característica del feudo en cuanto tal. Pero frente a ella existen otras formas, derivadas o prefigurativas de esta forma clásica —como el beneficio y el precario ya señalados— que también se designan o conciben bajo el nombre amplio del feudo. Sin embargo, su ubicación, explicación y sentido intrínseco sólo son comprensibles a partir de su figura más desarrollada y clásica, ya explicada.

[35] Exagerando, A. Thierry (1947:34) ha señalado esta existencia de la servidumbre entre los romanos, antes de las invasiones: “la servidumbre de la gleba, con cualquier nombre que se la llamara, era anterior en suelo galo a la conquista de los bárbaros; esta conquista pudo agravarla pero se hundía en la noche de los siglos y tenía su raz en una época inasequible, aún para la erudición de nuestros días”. Punto de vista explicable totalmente en un historiador burgués, para quien el ene-migo principal sigue siendo aún el fantasma feudal y medieval, con todo su cortejo de relaciones serviles y de dependencia personal.

[36] Sobre esto dice claramente Montesquieu (1973:160): “La esclavitud propia-mente dicha es la institución de un derecho que hace a un hombre dueño absoluto de otro hombre, o a este último propiedad del primero, que dispone de sus bienes y hasta de su vida.”

[37] A pesar de ser un punto polémico, nuestra opinión es que la esclavitud no existía dentro de La comuna germánica. Los “esclavos” de que habla Tácito, se explican por su punto de vista permeado por las propias concepciones del mundo en que vivía, pues la situación que él describe parece responder, como puede verse en su Germania —y como concibe también Marx—, más bien a una forma incipiente de la servidumbre, que -a una forma de esclavitud en cuanto tal. La servidumbre era una relación más acorde con la forma germana, donde existía uno de sus antecedentes clásicos: la prestación personal de los miembros de la comuna.

[38] Véase al respecto la afirmación de J. Kuczynski (1974). También allí se cita la idea de J. Stalin sacada de su texto Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. (Cfr., p. 116-117) .

[39] Como se ve, concebimos a la servidumbre como una relación amplia y flexible, que en sus diversas variantes y posibilidades se presenta como una forma casi universal de las relaciones de producción. Así parece concebirla Marx (1976: t. 1, p. 462-463) a lo largo de todo el argumento de las “Formaciones económicas precapitalistas”, por ejemplo cuando dice: “De lo visto resulta que la relación señorial y la relación de servidumbre corresponden igualmente a esta forma de la apropiación de los instrumentos de producción y constituyen un fermento necesario del desarrollo y de la decadencia de TODAS las relaciones de propiedad y de producción ORIGINARIAS a la vez que expresan también el carácter limitado de ésa (versalitas nuestras). O sea que la servidumbre es una vía posible de disolución de todas las formas originarias, de cualquiera de ellas. Por eso puede revestir múltiples formas que van desde la servidumbre de la gleba en su forma más clásica y acabada hasta la simple obligación de un tributo: “Además está claro que en todas las formas en las que el trabajador directo sigue siendo ‘poseedor’ de los medios de producción necesarios para la de sus propios medios de subsistencia y sus condiciones de trabajo, la relación de propiedad debe manifestarse al mismo tiempo como relación directa de dominación y servidumbre, con lo que el productor directo aparecerá como carente de libertad; carencia ésta de libertad que podrá atenuarse DESDE la servidumbre [leibeigenschaft] con prestaciones personales HASTA la mera obligación tributaria” (versalitas y cursivas nuestras, Marx, 1981: t. III, v, 8, p. 1005-1006).

[40] Caso que ha sido señalado claramente por Marx. Así si primero define el trabajo de prestación personal para la comunidad y dice: “[…] Las pequeñas comunidades pueden vegetar independientemente una al lado de la otra y en ellas el individuo trabaja independientemente, con su familia, en el lote que le ha sido asignado (un trabajo determinado para reservas colectivas, por así decirlo para seguro, por un lado, y para costear los gastos de la entidad comunitaria en cuanto a tal, o sea para la guerra, para el servicio divino, etcétera) ; el dominio señorial en su sentido más originario se encuentra primeramente aquí, por ejemplo en las comunidades eslavas, en las rumanas, etc. Aquí se da la transición a la prestación personal, etc.” (Marx, 1976: t. I, p. 435-436) luego señala claramente la usurpación de esa prestación y la consecuente génesis del señor-terrateniente y el siervo sometido a esa prestación servil: “Una parte del suelo pertenece a los campesinos individuales, quienes lo cultivan en forma autónoma. Otra porción se cultiva colectivamente y crea un plusproducto que sirve en parte para solventar gastos comunitarios, en parte como reserva para casos de malas cosechas, etc. Estas dos últimas partes del plusproducto y finalmente todo el plusproducto junto con el suelo en el que creciera son usurpadas poco a poco por funcionarios estatales y por particulares, y los propietarios campesinos, originariamente libres, cuya obligación de cultivar en común ese suelo se mantiene en pie, se transforman así en personas obligadas a prestaciones personales o al pago de renta en productos, mientras los usurpadores de las tierras comunes se transforman en los terratenientes no sólo de la tierra comunal usurpada, sino también de las mismas propiedades campesinas” (Marx, 1981: t. III, v. 8, p. 1022; cfr. también Marx, 1980c:216-218). Por lo demás, la diferencia y relación entre la servidumbre, la prestación personal comunitaria, la prestación personal servil, etcétera, y la tipología detallada de las distintas modalidades de la servidumbre, sólo puede realizarse a partir de sus formas acabadas, presentes en este caso, sólo a partir de la primera edad feudal. Aquí sólo aludimos a ellas implícitamente y en la medida necesaria para esclarecer nuestro argumento más general, pues aquí sólo estamos ante su conceptualización más genérica y global.

[41] Las múltiples fuentes que la servidumbre medieval ha tenido son claramente percibidas por Montesquieu, quien señala su desarrollo a partir de los antecedentes anteriores a la fusión, a partir de la conquista misma —que también es una de sus palancas—, y a partir de su propagación. (Cfr. Montesquieu, 1973:385-387).

[42] 42 Este movimiento diverso de uniformación hacia la servidumbre, y de ligazón del siervo a la tierra es señalado por Bloch (1979: t. I, p. 295-296). También aluden a él Kuczynski (1974:116), Duby (1979:41) y Hodggett (1974:37). También había sido señalado claramente por Engels (s.f.: 176-177) .

[43] Recuérdese nuevamente la caracterización de Marx (1981: t. I, v. 1, p. 94) de la Edad Media como una sociedad basada, en general, en diversos “lazos de depe dencia personal”.

[44] 44 Esta amplitud y propagación de la relación de dependencia personal es clara para Hegel (1974:609) que dice: “Así nació una serie gradual de dependencias, que iban desde el siervo hasta el ministro y vasallo”. También Guizot ha señalado el revestimiento de la servidumbre bajo la forma de la dependencia personal, reprobándolo: “No hay duda de que al cabo de algún tiempo se formaron, entre los colonos y el señor feudal, algunas relaciones morales, algunas costumbres afectuosas. Pero esto ocurrió a pesar de su situación recíproca y en modo alguno por su influencia. Considerada en sí misma la situación era radicalmente viciosa. No existía moral-mente nada común entre el poseedor del feudo y sus colonos; éstos forman parte de su dominio, son su propiedad” (Guizot, 1972:99). Alusiones a estas mismas ideas de la servidumbre teñida de dependencia puede verse en Pirenne (1981:52-53) y Boutruchc (1978: t. 1, p. 143).

[45] En realidad, la servidumbre feudal-medieval sigue una clara curva de desarrollo que va del claro predominio del rasgo de dependencia personal, en sus primeras etapas, hasta el predominio de la tierra como mediación obligada de la relación y el afianzamiento de la condición del siervo como simple accesorio de ella, en las etapas finales. Pero ambas son figuras correspondientes al modo feudal de producir. Al respecto cfr. el artículo “Serf de la glebe. Histoire d’une expressión soase faite”, en Bloch (1983: t. I).

[46] Sobre esta idea puede confrontarse a Braudel (1974 y 1978). Lo mismo en White (1979). Como ya hemos mencionado, también ésta es la idea de Marx y Engels en referencia a la significación y aportes del feudalismo dentro del proceso histórico-general.

ALGUNAS GENERALIDADES SOBRE EL MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL

ISADORE NABI

FUERZAS PRODUCTIVAS[1]

Conjunto de los medios de producción y de los hombres que los emplean para producir bienes materiales. La parte material de las fuerzas productivas, ante todo los medios de trabajo, constituye la base material y técnica de la sociedad. En nuestra época, se convierte en fuerza directamente productiva la ciencia. La fuerza productiva principal está formada por los trabajadores, que crean los instrumentos de producción, los ponen en movimiento, poseen experiencia y hábitos de trabajo. Las fuerzas productivas expresan la relación que existe entre el hombre y los objetos y fuerzas de la naturaleza, el grado en que éste los domina. En el proceso de producción de los bienes materiales, los hombres desarrollan y perfeccionan los instrumentos de trabajo, crean nuevas máquinas, aprenden a explotar las riquezas naturales, amplían sus conocimientos, van dominando las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad y de la naturaleza. Ello conduce a un crecimiento incesante de las fuerzas productivas. Por el influjo de este crecimiento y, ante todo, del perfeccionamiento de los instrumentos de producción, cambian las relaciones de producción, y se modifica también el modo de producción. A un determinado nivel de las fuerzas productivas corresponden determinadas relaciones de producción, en las que entran los hombres en el proceso de producción. “Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace, sino el cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace. Los instrumentas de trabajo no son solamente el barómetro indicador del desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las condiciones sociales en que se trabaja” (C. Marx). En una determinada fase de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes. En las formaciones económico-sociales antagónicas -esclavista, feudal y capitalista- dicha contradicción se convierte en un conflicto insoluble, dado que las relaciones de producción, de forma de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en un freno, en un grillete de ellas. La revolución social es la forma en que se expresa y se resuelve este conflicto (ver Ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas). El capitalismo, después de haber desarrollado de manera gigantesca las fuerzas productivas, se convirtió en un obstáculo ingente para el progreso social.

RELACIONES DE PRODUCCIÓN[2]

Conjunto de relaciones económicas que se establecen entre los hombres, independientemente de su conciencia y de su voluntad, en el proceso de producción, cambio, distribución y consumo de los bienes materiales. Las relaciones de producción constituyen una parte necesaria de cualquier modo de producción. La producción social sólo puede darse cuando los hombres se unen para obrar en común, para establecer un intercambio de actividades. La base de las relaciones de producción se encuentra en las relaciones de propiedad sobre los medios de producción. El carácter de las relaciones de producción depende de quiénes sean los duelos de los medios de producción, de cómo se realice la unión de esos medios con los productores. La historia conoce dos tipos fundamentales de propiedad: la privada y la social. La propiedad privada expresa relaciones de dominio y subordinación, pues los dueños de los medios de producción tienen la posibilidad de explotar a los hombres carentes de propiedad. A lo largo de su desarrollo ascendente, las relaciones de producción basadas en la explotación del trabajo aparecen bajo las formas esclavista, feudal y capitalista. La propiedad social elimina las relaciones de explotación, da origen a la colaboración en los lazos de camaradería y a la ayuda mutua entre los hombres. En el régimen de la comunidad primitiva, existía en forma de propiedad colectiva gentilicia y tribal. Además de los tipos de relaciones de producción indicados, existen relaciones de producción transicionales, que combinan elementos de los diversos tipos de relaciones económicas en el período del tránsito de una formación económica-social a otra. Las relaciones de producción se desarrollan en conexión directa y en dependencia recíproca con las fuerzas productivas de la sociedad y actúan como forma de existencia y desarrollo de estas últimas. Las relaciones entre unas y otras son determinadas por la ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas. En el marco de una formación económico-social concreta, las relaciones de producción se modifican por influjo del crecimiento de las fuerzas productivas, más su esencia permanece invariable. Se debe ello a los intereses de las clases dominantes que procuran consolidar y conservar las relaciones de propiedad existentes. En una determinada etapa del desarrollo de la sociedad, las relaciones de producción sustentadas en la propiedad privada se convierten en un freno para el avance sin obstáculos de las fuerzas productivas; entre éstas y aquellas surge un conflicto, resuelto por medio de una revolución social que derroca a la clase reaccionaria dominante e instaura nuevas relaciones de producción. La supresión de la propiedad capitalista y el establecimiento de la propiedad social socialista eliminan las contradicciones antagónicas entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, se abre un horizonte ilimitado a su desarrollo.

MODO DE PRODUCCIÓN[3]

Modo de obtener los bienes materiales necesarios al hombre para el consumo productivo y personal. El modo de producción constituye la unidad de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. El cambio del modo de producción origina cambios del régimen social, sirve de base al desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, de toda la producción social. Gracias a los conocimientos adquiridos, a la experiencia y a los hábitos de trabajo, los hombres producen los bienes materiales, desarrollan las fuerzas productivas, que muestran el grado en que el hombre domina a la naturaleza. El nivel de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas determina el carácter de las relaciones de producción. Las relaciones de producción o relaciones económicas, es decir, las que se establecen entre los hombres en el proceso de producción de los bienes materiales, influyen a su vez activamente sobre las fuerzas productivas, facilitando u obstaculizando su desarrollo. Si las relaciones de producción corresponden al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, como ocurre, por ejemplo, bajo el socialismo éstas se desarrollan sin obstáculos. En cambio, cuando las relaciones de producción dejan de corresponder al nivel de las fuerzas productivas, como es el caso en el capitalismo contemporáneo frenan el progreso de dichas fuerzas, se convierten en una traba, y se hace necesario sustituir el modo de producción caduco por otro nuevo, que corresponda al nivel más elevado de las fuerzas productivas. Este cambio de un modo de producción por otro se efectúa por vía revolucionaria. El fundamento económico de las revoluciones sociales se pone al descubierto gracias a una ley económica general: la ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, descubierta por Marx. El papel decisivo en el sistema de las condiciones materiales de vida de la sociedad corresponde al modo de producción de los bienes materiales. Según sea el modo de producción, tal será en lo fundamental la sociedad misma -sus ideas, sus teorías, las concepciones y las instituciones políticas. El que se sustituya un viejo modo de producción por otro nuevo es resultado inevitable de la agudización de las contradicciones entre las fuerzas productivas en desarrollo y las relaciones de producción rezagadas. Tales contradicciones, cuando impera la propiedad privada sobre los medios de producción, poseen carácter antagónico y se manifiestan en la lucha de clases. En esta lucha alcanza la victoria la parte de la sociedad que se halla vinculada al modo de producción más avanzado y progresivo. Bajo el socialismo, las contradicciones en el desarrollo del modo de producción no presentan carácter antagónico y la sociedad las supera mediante el perfeccionamiento consciente de las relaciones de producción, a las que adecúa el nivel de las fuerzas productivas. Del modo de producción hay que distinguir la base económica de la sociedad, que es el conjunto de las relaciones de producción dominantes en tal o cual sociedad humana. La unidad del modo de producción y de la superestructura ideológica y política que corresponde a la base de una sociedad dada constituye una formación económico-social.

FORMACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL[4]

Sociedad humana en una determinada fase de su desarrollo histórico, caracterizada por el modo de producción y por la superestructura política y jurídica, por las formas de conciencia social, una y otras determinadas por dicho modo de producción. El concepto de formación económico-social se debe al marxismo y constituye la piedra angular de la concepción materialista de la historia proporciona la clave para explicar el curso y desarrollo de las relaciones sociales entre los hombres en el proceso de producción, de distribución y consumo de bienes materiales. En la historia de la humanidad se conocen cinco formaciones económico-sociales, que se han ido sucediendo consecutivamente unas a otras: la de la comunidad primitiva, la esclavista, la feudal, la capitalista y la comunista. Cada formación económico-social posee leyes económicas propias que rigen su aparición y desarrollo. Al mismo tiempo, en cada formación actúan leyes generales que enlazan a las formaciones todas en el proceso único, de la historia mundial de la humanidad. El modo de producción de los bienes materiales, base de cada formación económico-social concreta, constituye la unidad de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El desarrollo de una determinada formación económico-social se expresa en el paso de una de sus etapas o fases a otra más elevada (por ejemplo, del capitalismo premonopolista al imperialismo, del socialismo al comunismo). En una determinada etapa, como consecuencia del conflicto entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se hace necesario cambiar el viejo modo de producción por otro nuevo, más progresivo, cuyo establecimiento hace que también se transformen todos los demás aspectos de la vida de la sociedad. En las formaciones económico-sociales antagónicas que precedieron al socialismo, el nuevo modo de producción se estableció como resultado de la lucha de clases y de la revolución social llevada a cabo bajo la dirección, de la clase avanzada. El capitalismo es la última formación económica-social basada en la explotación del hombre por el hombre. La revolución socialista y la construcción del socialismo imprimen un cambio radical en el carácter del desarrollo de la sociedad. El modo comunista de producción se halla libre de contradicciones antagónicas, y las que surgen en su desenvolvimiento entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se resuelven perfeccionando estos últimas. En la sociedad soviética, ha vencido plena y definitivamente el socialismo, primera fase de la formación económico-social comunista. Se crea la base material y técnica del comunismo, se perfeccionan las relaciones de producción, se eleva el nivel cultural y técnico de los trabajadores.

TIEMPO DE TRABAJO SOCIALMENTE NECESARIO[5]

Tiempo que se necesita para elaborar una mercancía en las condiciones de producción socialmente normales. En la economía mercantil basada en la propiedad privada, la magnitud del tiempo de trabajo socialmente necesario para elaborar un producto se establece espontáneamente en el curso de la competencia entre los productores de mercancías. El tiempo de trabajo socialmente necesario determina la magnitud del valor de la mercancía. Los capitalistas en cuyas empresas el tiempo individual de trabajo es menor que el socialmente necesario perciben, además de la ganancia habitual, una plusvalía extraordinaria. Los fabricantes que producen una mercancía sobre la base de un tiempo individual de trabajo mayor que el socialmente necesario, sufren perdidas y se ven obligados a mejorar la técnica de la producción, a elevar la productividad del trabajo. En caso contrario, se arruinan. Resulta, pues, que, en el capitalismo, la contradicción entre el tiempo individual de trabajo y el tiempo de trabajo socialmente necesario presenta un carácter irreconciliable, antagónico.”

LEY DEL VALOR

Ley económica de la producción mercantil, ley del intercambio equivalente de mercancías de modo que la producción y el cambio de las mismas se efectúan a tenor del trabajo socialmente necesaria invertido en ellas. En la economía mercantil basada en la propiedad privada, la ley del valor regula espontáneamente la distribución de los medios de producción y de trabajo entre las distintas ramas de la economía nacional. En el régimen de la producción capitalista simple de mercancías, dicha ley actúa bajo el imperio de la lucha competitiva y la anarquía de la producción, a través del mecanismo de la desviación de los precios respecto al valor. La ley del valor, “en las proporciones fortuitas y sin cesar oscilantes de cambio de sus productos, se impone siempre como ley natural reguladora, al modo como se impone la ley de la gravedad cuando se le cae a uno la casa encima” (C. Marx). Las fluctuaciones espontáneas de los precios en torno al valor obligan a los productores de mercancías a aumentar o reducir la producción de tales o cuales mercancías, a orientarse hacia las ramas en que los precios de las mercancías bajo el influjo de la demanda creciente, son superiores al valor, y a abandonar las ramas en que los precios de las mercancías, a consecuencia del descenso de la demanda, son inferiores al mismo. La acción espontánea de la ley del valor condiciono el desarrollo de las fuerzas productivas, el perfeccionamiento de la producción. Quien produce mercancías cuyo valor individual supere al valor social, al venderlas no cubre los gastos y se arruina. Quien aplica nuevas técnicas y en la producción de la mercancía invierte menos trabajo en comparación con los gastos socialmente necesarios se enriquece. Ello incita a los otros productores de mercancías a elevar el rendimiento del trabajo mediante nuevos procedimientos técnicos, organizando mejor la producción y reduciendo los costos. De tal modo, la ley del valor actúe acentuando la desigualdad económica y la lucha competitiva entre los productores de mercancías, conduce a su diferenciación en capas. La mayor parte de ellos se arruinan y van a engrosar las filas de los obreros asalariados; una minoría, se enriquecen, aumentan el volumen de la producción y se convierten en capitalistas. Por la acción de la ley del valor, la economía mercantil simple se transforma en economía mercantil capitalista. En la producción mercantil capitalista desarrollada, la ley del valor se manifiesta bajo la forma de la cuota media (general) de ganancia (ver), del precio de producción. Bajo el imperialismo, la acción de la ley del valor se hace más compleja y se intensifica su fuerza destructora a consecuencia del dominio de los monopolios, de la aparición del precio de monopolio y de la elevada ganancia monopolista. Como quiera que en la sociedad socialista existe la producción mercantil, la ley del valor actúa.” (Borisov & Zhamin, 2009, págs. 142-143).

PRODUCCIÓN MERCANTIL SIMPLE[6]

Producción basada en la propiedad privada de los medios de producción y en el trabajo personal de los productores, que elaboran artículos destinados a la venta en el mercado. Los representantes más típicos de la producción mercantil simple son los pequeños campesinos y los artesanos que no explotan trabajo ajeno. Dicho tipo de producción constituye un régimen económico que ha existido en diversas formaciones económico-sociales. Por su naturaleza, la producción mercantil simple posee un doble carácter. Como quiera que se basa en la propiedad privada sobre los medios de producción, el pequeño campesino o el artesano es un propietario y esto le aproxima al capitalista. Por otra parte, la producción mercantil simple tiene su raíz en el trabajo personal, el productor es un trabajador, y esto le aproxima al proletariado. La producción mercantil simple y la capitalista se diferencian entre sí por la fuente de que emana la propiedad privada sobre los medios de producción. En el primer caso, dicha propiedad se basa en el trabajo personal del productor; en el segundo se basa en la explotación de los obreros asalariados. En la economía mercantil simple son mercancía únicamente los productos del trabajo humano, mientras que, en la capitalista, la propia fuerza de trabajo del hombre se convierte en mercancía. La producción mercantil simple se desarrolla bajo la acción de la ley del valor, ley que, mediante la fluctuación de los precios de las mercancías y de la competencia en el mercado regula espontáneamente la distribución de los medios de producción y de la fuerza de trabajo entre las diferentes ramas de la producción. En la producción mercantil simple, la acción de esta ley lleva al desarrollo espontáneo de las fuerzas productivas. La magnitud del valor de la mercancía es determinada por el trabajo socialmente necesario. Los productores que utilizan una técnica más elevada y que organizan mejor la producción, producen sus mercancías con menos gastos que los socialmente necesarios. En cambio, la venta de las mercancías se efectúa a los precios que corresponden al trabajo socialmente necesario. Ello hace que el productor obtenga un excedente de dinero y se enriquezca, lo cual induce a los demás productores a introducir métodos de producción más perfeccionados. La producción mercantil simple es inestable. La acción espontánea de la ley del valor, las fluctuaciones de los precios y la competencia hacen que la economía mercantil simple se descomponga y que los productores se diferencien: unos (la minoría) se enriquecen; otros (la mayoría) se arruinan. El proceso de diferenciación de los productores en determinadas condiciones históricas – concretamente: cuando existe la propiedad privada sobre los medios de producción y la fuerza de trabajo se convierte en mercancía- da origen a la burguesía y al proletariado, engendra el capitalismo, constituye la base inicial para que nazca el modo capitalista de producción. Mas esta no implica la desaparición absoluta de la producción mercantil simple.

MODO FEUDAL DE PRODUCCIÓN[7]

Modo de producción de los bienes materiales basada en la propiedad feudal sobre la tierra y la propiedad parcial sobre los trabajadores -campesinos siervos-, así como en la explotación de estos últimos por parte de los señores feudales. El feudalismo surgió como resultado de la descomposición del régimen esclavista y, en algunos países, del régimen de la comunidad primitiva. Lenin, al caracterizar el modo feudal de producción, destaca los siguientes rasgos fundamentales: 1) dominio de la economía natural, 2) concesión de medios de producción y de tierra al productor directo, y en particular fijación del campesino a la tierra, 3) dependencia personal del campesino respecto al terrateniente (coerción extraeconómica), 4) estado extraordinariamente bajo y rutinario de la técnica. En las condiciones del modo feudal de producción, la clase dominante es la de los terratenientes en la persona de la nobleza y del clero. La propiedad sobre la tierra era la base para obtener trabajo o productos no remunerados. El trabajo adicional no remunerado del productor directo (campesino siervo) o el producto obtenido mediante dicho trabajo y del que se apropian tos dueños de la tierra por medio de la coerción extraeconómica se llama renta feudal del suelo (ver). La producción artesanal y el comercio se concentraban en las ciudades y se organizaban bajo la forma de gremios de artesanos y corporaciones de mercaderes. En el régimen feudal existían dos clases principales: los señores feudales y los campesinos. Correspondía un gran papel a la Iglesia, que era un gran terrateniente feudal y ejercía una sensible influencia sobre todo el régimen social del feudalismo. A lo largo de toda la época feudal existió una lucha de clases entre explotadores y explotados. Esta lucha se reflejó, en particular, en las sublevaciones campesinas: la de Wat Tyler en Inglaterra (1381), la Jacquerie en Francia (1358), la guerra campesina en Alemania (1524-1525), las guerras acaudilladas por I. Bolotnikov (1606-1607), S. Razin (1670-1671) y E. Pugachov (1773-1775) en Rusia, y otras. El desarrollo de las fuerzas productivas en las entrañas del feudalismo constituyó la base material de la formación de las relaciones capitalistas y su consolidación. El proceso de la acumulación originaria del capital) aceleró la preparación de las condiciones materiales para que vencieran las relaciones capitalistas de producción. El modo feudal de producción se suprimió como resultado de las revoluciones burguesas, que le asestaron un golpe demoledor. En Rusia, la reforma de 1861 abolió la servidumbre, pero no elimino importantes restos del feudalismo. La existencia de supervivencias feudales bajo el aspecto de la gran propiedad terrateniente, el sistema de prestación personal, etc., en la actualidad son singularmente característicos de varios países de África, Asia y América Latina.

ACUMULACIÓN ORIGINARIA DEL CAPITAL [8]

Proceso histórico que precedió a la formación de la gran producción capitalista y separó de los medios de producción al productor. La acumulación originaria del capital va acompañada: 1) de la ruina en masa de los productores de mercancías (sobre todo campesinos) y su transformación en individuos desposeídos, jurídicamente libres, carentes de medios de subsistencia y, por ende, obligados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas; 2) de la acumulación de riquezas monetarias en manos de determinadas personas, riquezas necesarias para erigir empresas capitalistas. “Por tanto, el proceso que engendra el capitalismo sólo puede ser uno: el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras de otra parte convierte a los productores directos en obreros asalariados. La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción.” (C. Marx). En Inglaterra, el proceso de la acumulación originaria del capital supuso la expropiación violenta de los campesinos, de cuyas tierras se apoderaron los grandes propietarios, quienes las convertían en pastizales para ovejas. Los campesinos desposeídos de sus tierras quedaban reducidos a la condición de personas carentes de bienes y, en última instancia, se veían obligados a someterse a la esclavitud capitalista. El gobierno feudal de Inglaterra dictaba leyes inhumanas contra las persones desamparadas, sin medios de subsistencia, que vagaban por todo el país; las empujaba hacia las empresas capitalistas las doblegaba a la disciplina cuartelaria del trabajo capitalista. El saqueo de las colonias los empréstitos estatales, el sistema tributario y la política proteccionista influyeron en no poca medida para que determinadas personas, sobre todo mercaderes, reunieran en sus manos grandes capitales. El Estado promulgaba leyes draconianas contra los expropiados, limitaba el salario de los obreros, establecía una prolongada jornada de trabajo. El proceso de la acumulación originaria del capital no se produjo simultáneamente en los diversos países, y en cada uno de ellos presenta rasgos específicos. En Inglaterra, Holanda y Francia, tuvo lugar en los siglos XVII-XVIII; en los países económicamente atrasados acaeció incluso en el siglo XIX. En Rusia, el proceso se extiende a lo largo de los siglos XVII-XIX y culmina con la reforma campesina de 1861, que arruinó en masa a los campesinos, los dejó sin tierras y convirtió a gran número de ellos en proletarios. Mas, en todas partes, la acumulación originaria del capital supuso la expropiación violenta, por métodos crueles, de los productores directos.

FEUDALISMO, PARTE I[9]

Formación económico-social, segunda forma de la sociedad dividida en clases, precedida por el régimen esclavista y seguida por el capitalismo, última formación social basada en la explotación del hombre por el hombre. Los clásicos del marxismo-leninismo emplean algunas veces el término “servidumbre” como sinónimo de “feudalismo”.

Comparadas con las fuerzas productivas del capitalismo, las de la sociedad feudal aparecen como poco desarrolladas y estancadas, pero en relación a las de la antigüedad, constituyen un gran paso adelante (perfeccionamiento de la fundición y del tratamiento del hierro, empleo generalizado del arado y otros instrumentos de hierro, así como del molino movido por el agua). En determinado grado del desarrollo de la sociedad feudal, se acentúa netamente la división del trabajo entre la agricultura y los oficios, mientras la producción artesanal de la ciudad crece con su técnica manual diferenciada. Finalmente, en el grado superior del feudalismo, surge la manufactura. Antes de la aparición de la manufactura, las relaciones de producción feudales correspondían al carácter de las fuerzas de producción cuyo desarrollo favorecían. Las relaciones de producción feudales podían desempeñar ese papel, ante todo, gracias a la liberación parcial del productor inmediato. Como no se podía matar al siervo –aunque se le podía vender y comprar– como éste poseía una explotación y una familia, se mostraba algo interesado en su trabajo y daba pruebas de cierta iniciativa necesaria a las nuevas formas productivas. Las relaciones de producción feudales tienen por fundamento la producción agrícola, mientras que los trabajadores son los desheredados. Lo que caracteriza también la forma feudal de la propiedad de los medios de producción, es que el señor feudal es propietario parcial del trabajador (coerción económica) y los trabajadores (campesinos y artesanos) propietarios de una parte de los medios de producción, como resultado de su trabajo personal. Las relaciones de los señores y de los campesinos, clases fundamentales de la sociedad feudal, y su papel en la producción, derivan de la forma feudal de propiedad. Bajo una u otra forma, los señores conceden tierras a los campesinos y los obligan a trabajar para ellos, se apropian de una parte de su trabajo o de sus productos (renta feudal o tributo). Los campesinos y los artesanos pertenecen, en un sentido amplio de la palabra, a una misma y única clase de la sociedad feudal, y sus relaciones no son antagónicas. Bajo el feudalismo, las clases y los grupos sociales constituyen órdenes. La forma de repartición de los productos depende enteramente de la situación y de las relaciones de los grupos sociales en la producción. Los comienzos del feudalismo se caracterizan por el dominio absoluto de la economía natural. Con el desarrollo de los oficios, la producción mercantil adquiere una importancia cada vez mayor tanto en la ciudad como en el campo. Aunque la producción mercantil feudal haya preparado ciertas condiciones para la producción capitalista, no hay que confundirla con la producción mercantil capitalista.

El sistema principal de explotación bajo el feudalismo es la renta feudal que aumenta a medida que se pasa de una forma a la siguiente: la “corvea” (trabajo gratuito en la tierra del señor), el tributo en especie y el tributo en dinero. El sistema de la “corvea” propio del feudalismo en los países de Europa Oriental no constituye un simple retorno a la forma primera, sino que lleva en sí los gérmenes de la tercera: producción para el mercado. Con la aparición de la manufactura (siglo XVI), comienza a manifestarse en las entrañas de la sociedad feudal la contradicción cada vez más profunda entre el carácter nuevo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción feudales que se convierten en freno del desarrollo de esas fuerzas. Lo que se llama la acumulación primitiva prepara el advenimiento de la clase de los obreros asalariados y de la clase de los capitalistas.

Debido al carácter antagónico de su economía, toda la vida de la sociedad feudal se halla sacudida por la lucha de clases. Por encima de la base feudal, se eleva la superestructura que le corresponde: el Estado, la Iglesia, la ideología, superestructura que sirve celosamente a la clase dominante, que la ayuda a reprimir la lucha de los trabajadores contra la explotación feudal. Por regla general, el Estado feudal atraviesa una serie de etapas: del parcelamiento político (el feudo es un “pequeño Estado”), a la monarquía absoluta pasando por la monarquía feudal. La forma ideológica predominante bajo el feudalismo es la religión.

La lucha de clases, que se acentúa, ofrece la posibilidad a la joven burguesía de ponerse a la cabeza de la insurrección de los campesinos y de los elementos plebeyos de las ciudades, de apoderarse del poder y destruir las relaciones de sociales de producción feudales. Las revoluciones burguesas del siglo XVII en Inglaterra y del siglo XVIII en Francia, aseguraron el dominio de la clase burguesa (que en ese entonces era una clase avanzada) y conformaron las relaciones de producción al carácter de las fuerzas productivas.

Actualmente, la burguesía imperialista sostiene y refuerza los vestigios del feudalismo, numerosos en muchos países capitalistas. En los países de democracia popular (ver), esas supervivencias fueron liquidadas por medio de reformas agrarias democráticas. Los pueblos de los países coloniales y dependientes luchan a la vez contra el feudalismo y el imperialismo: cada golpe asestado al feudalismo es un golpe asestado al imperialismo.

FEUDALISMO, PARTE II[10]

Formación económico social establecida como resultado de la descomposición y hundimiento del régimen esclavista o del régimen de la comunidad primitiva; ha existido en casi todos los países. Las clases principales de la sociedad feudal son las constituidas por los señores feudales y por los campesinos. La clase dominante y explotadora de los señores abarcaba a la nobleza y al alto clero. Dentro de la clase dominante, existía una división jerárquica en estamentos, una subordinación de los pequeños señores feudales a los de mayor poderío. La Iglesia era una gran potencia feudal. Los campesinos explotados carecían de derechos políticos y jurídicos. En las ciudades, la masa principal de la población se hallaba constituida por maestros, oficiales, aprendices y trabajadores no calificados. La base de las relaciones de producción dominantes bajo el feudalismo era la propiedad del señor feudal sobre los medios de producción, en primer lugar, sobre la tierra, y la propiedad incompleta sobre el trabajador, la cual se expresaba en diversos tipos de dependencia personal del campesino respecto a su señor. Bajo el feudalismo, las fuerzas productivas sólo podían desarrollarse sobre la base del trabajo de los campesinos dependientes, quienes poseían su hacienda, instrumentos de trabajo insignificantes y se sentían algo interesados materialmente en el trabajo. El modo feudal de producción se caracterizó por la sucesión de tres tipos de renta de la tierra: trabajo gratuito en la tierra del señor (corvea), renta en especie y renta en dinero. La renta de la tierra constituía la forma específica de explotación en la sociedad feudal y con mucha frecuencia la renta no era sólo el producto del trabajo suplementario de los campesinos siervos, sino, además, una parte del producto de su trabajo necesario. El régimen del feudalismo se caracteriza por la economía natural y por el nivel bajo y rutinario de la técnica. La superestructura de la sociedad feudal se distingue por varios rasgos: el Estado feudal, por lo común aparecía bajo el aspecto de monarquía estamental o absoluta; en la vida espiritual de la sociedad, imperaba la ideología religiosa. El pensamiento social, en sus líneas fundamentales, se desarrollaba bajo una forma religiosa. Toda la historia de la sociedad feudal se halla saturada de la lucha de clases. Las sublevaciones campesinas, aunque en la mayor parte de los casos se llevaban a cabo bajo una bandera religiosa, conmovieron al régimen feudal, aceleraron su hundimiento. Al feudalismo le sucedió el capitalismo.

EL FEUDALISMO COMO EJE CENTRAL DE LA EDAD MEDIA[11]

El feudalismo fue el régimen imperante hasta el siglo XII, cuando aparecieron las primeras ciudades de la época.

El feudalismo fue el sistema político imperante en Europa Occidental en la Edad Media. Se basa en la descentralización del poder: en la cúspide del poder se encontraba el emperador o el rey y en la base los campesinos, que estaban superditados a los nobles, que ocupaban la posición intermedia en la sociedad y ejercían el poder con autonomía e independencia.

Tras una época de continuas guerras y en un clima de inseguridad e inestabilidad, al hombre libre no le quedó más opción que superditarse al noble que dominara las tierras en la que vivía y establecer así una relación de vasallaje. El vasallo recibía una pequeña porción de tierra para cultivar y autoabastecerse y debía pagar unas rentas al señor que poseía esas tierras. El señor, a cambio, le ofrecía protección militar. Esta relación recíproca era de un gran provecho para el señor, que además de posicionarse superiormente al vasallo, también ejercía una coacción socialmente aceptada.

La vida de los campesinos en la Edad Media era muy dura. La población se basaba en la agricultura y más del 90% era cultivo de cereales. Era una agricultura muy poco avanzada y dirigida al abastecimiento más inmediato: la nobleza era propietaria de la tierra y era muy adversa a las novedades, por lo que las nuevas técnicas agrícolas y el cultivo de nuevos alimentos tardó mucho en realizarse, alrededor de finales del siglo XI. Se introdujo la rotación trienal: la superficie para cultivar se dividió en tres y se iban rotando los cultivos. Un año trigo, el siguiente otro cereal y el tercero se dejaba a la parcela descansar. Al alternar cultivos la tierra no se sobreexplotaba y producía más y mejores cosechas. 

Los siervos trabajaban para mantener al clero y a la nobleza ya que en la sociedad feudal les correspondía el estamento más bajo. Pese a que eran la grandísima mayoría de la población en la Edad Media, les correspondía mantener a los demás estamentos –clero y nobleza- ya que socialmente eran considerados superiores. Hasta que no hubo una mejora de la agricultura en toda Europa no pudo cambiar la situación: en el siglo XII las aldeas se multiplicaron, la población aumentó y también lo hizo la producción. Surgieron las primeras grandes agrupaciones de población: el origen de las ciudades.

La mayoría de las ciudades romanas pasaron a ser centros de administración eclesiástica y estaban dentro del señorío territorial del señor feudal. Tenían muy poca población, pero a partir del siglo XII se produjo un gran cambio: una mayor población vino tras el avance agrícola, que también trajo desarrollo económico. Las viejas ciudades romanas o antiguos burgos volvieron a poblarse y apareció la ciudad medieval. En el siglo XIII algunas ciudades como París y Florencia alcanzaron los 100 000 habitantes.

LA AGRICULTURA EN LA EDAD MEDIA[12]

En la Edad Media la agricultura sufrió muchos cambios. Los nobles y el clero eran considerados los miembros más importantes de la sociedad feudal. Sin embargo, ellos nunca fueron la mayoría: en la Edad Media, casi todas las personas eran campesinos.
No todos los campesinos tenían la misma categoría y condición social. Muchos de ellos eran hombres libres. Entre éstos, algunos eran pequeños propietarios que vivían de sus propias tierras, mientras que otros, los colonos, le arrendaban al señor feudal una pequeña parcela de tierra llamada manso.
Otros campesinos, en cambio, eran considerados casi como esclavos: los siervos. Los siervos eran los únicos que trabajaban para mantener al clero y a la nobleza y que pagaban impuestos.
Gracias a una mejora climática y a una serie de adelantos tecnológicos, la agricultura prosperó hacia fines del siglo XI. Entonces, la población creció y las aldeas se multiplicaron.

Una economía agraria

Desde comienzos de la Edad Media, la vida comercial y urbana se había estancado considerablemente. Por ello, la tierra se convirtió en casi la única fuente de riqueza: más del 90 por ciento de la población feudal basada, sobre todo, en el cultivo de cereales. Sin embargo, la agricultura se hallaba muy poco desarrollada, pues la nobleza, propietaria de la tierra, era adversa a las novedades y gastaba su dinero en armas y objetos lujosos en vez de destinarlo a la introducción de nuevas técnicas agrícolas o al mejoramiento de las que ya existían. Esta situación empezó a cambiar a fines del siglo XI.

Los siervos

Muchos campesinos en la Edad Media eran siervos. Los siervos descendían, en su mayoría, de los antiguos esclavos.
La servidumbre era hereditaria: un siervo pertenecía por nacimiento al patrimonio de su señor y no podía jamás abandonar su feudo. Se los trataba como a una cosa y su amo disponía de su cuerpo, de su trabajo y de sus bienes.
Por eso, el señor que tenía siervos podía venderlos o regalarlos y, si lo consideraba necesario, castigarlos. Estos castigos eran crueles: se los azotaba, se los marcaba con hierro caliente o se les cortaba las orejas, entre otros suplicios.
Algunos siervos realizaban trabajos domésticos: los siervos ministeriales. Éstos generalmente eran mantenidos en la vivienda de su amo o en alguna de sus granjas.
Otros siervos, en cambio, cultivaban las tierras del señor: los siervos de la gleba. Estas tierras eran llamadas mansos serviles. Los siervos de la gleba tenían su propia casa, subsistían con el producto de su propio trabajo y, en caso necesario, podían vender lo que les sobraba de su cosecha. Por eso, su mantenimiento no dependía directamente de su amo.

Los campesinos libres

Los hombres libres o francos se clasificaban en colonos y villanos. Los colonos arrendaban una parcela de tierra al señor: los mansos ingenuos. Estos mansos se heredaban de generación en generación, por medio de un contrato.
Los villanos, en cambio, eran pequeños propietarios que vivían en aldeas del fruto de sus propias tierras, al margen de todo señor. Las tierras que trabajaban era llamadas alodios. En muchos lugares de Europa como, por ejemplo, en Italia y en algunos lugares de Francia, los villanos eran la mayoría.

Obligaciones de los siervos

Los señores feudales tenían la obligación de defender a las personas que vivían de sus tierras y darles refugio en tiempos de guerra.
A cambio, recibían de ellos una renta anual en dinero, en productos agrícolas o animales, el censo; una contribución si éstos se casaban, y parte de su herencia. Entre estas obligaciones se incluían, también, las siguientes:
– Trabajar durante un determinado número de días en las tierras particulares del señor: la corvée.
– Pagar una tasa llamada banalidad por usar los monopolios del castillo: el molino, la prensa de vino, el horno y los puentes, entre otras cosas más.
– Contribuir con una suma indeterminada de dinero, cada vez que el señor lo requería: la talla.

Los Impuestos

La talla

De todas las obligaciones que se contraían con el señor feudal, la más odiada fue la talla. La talla empezó como un deber de todo subordinado de ayudar a su señor. Al principio, era un regalo excepcional al que el señor recurría sólo en caso de emergencia. Con el tiempo, la talla fue reclamada por los señores feudales cada vez con más frecuencia. El problema de este impuesto era que la suma de dinero que debía entregarse no estaba fijada por ninguna ley. Esto hizo que la talla se volviese una carga totalmente injusta, dependía de la voluntad del señor. Por eso, muchos miembros de la Iglesia se opusieron a ella y la talla fue motivo de sangrientas revueltas campesinas.

Las banalidades y el ban

La autoridad del señor feudal estaba reforzada porque poseía el poder o ban que antes había pertenecido al rey. Gracias al ban, el poder del señor en sus dominios era casi total. Entre las cargas impuestas a los campesinos, las más características fueron las que derivaron de este poder: las banalidades.
Las banalidades fueron monopolios que los señores feudales se atribuyeron en perjuicio de los cultivadores. Unas veces, se reservaban la venta del vino o de la cerveza; otras, asumían el derecho exclusivo de proporcionar el toro necesario para la reproducción de los rebaños. Con más frecuencia, obligaban a los campesinos a moler los granos en su molino, hornear el pan en su horno y prensar la uva en su prensa.

Las condiciones de vida

Las condiciones de vida de los campesinos fueron muy diversas. Durante el feudalismo, la proporción de siervos y hombres libres varió mucho según los siglos y las religiones. Además, dentro de estas dis categorías existían muchas diferencias tanto en las leyes que los regían como en el grado de prosperidad.
A pesar de estas diferencias, la mayoría de los campesinos vivía en situación de pobreza, explotación y dependencia. El anhelo por parte de muchos siervos por conseguir su libertad y los repetidos esfuerzos del campesinado libre para obtener algún beneficio fueron motivo de frecuentes revueltas.

Una vida muy sencilla

La vida de los campesinos eran muy rústicas. Casi todas las cosas que necesitaban las fabricaban ellos mismo: sus casas, sus vestidos, sus cubiertos y sus muebles, entre otras cosas más.
La choza de una familia campesina componía, generalmente, de una sola habitación con una mesa, algunos bancos y unos colchones de paja. la ventanas. Las ventanas se cerraban con maderas o telas, pues el vidrio era escaso y caro. En las chozas, también dormían animales, separados de los hombres por un tabique de madera.

La familia campesina

La amplia familia campesina a la que pertenecía un campesino estaba formado por sus parientes por línea masculina y femenina y sus cónyugues. Todos ellos quedaban ligados por sus relaciones con el jefe de grupo: el padre (o en su defecto, la madre) de la rama más antigua de la familia. A este grupo de parentesco se le reconocía a menudo la tenencia de un arrendamiento campesino, que no podía ser rescindida mientras el grupo existiera. Tal familia, compartiendo el mismo «caldero, fuego y lecho», trabajando los mismo e indistintos campos, arraigaban en idéntico trecho de tierra durante generaciones, constituía una unidad social de gran cohesión.

El hombre y las enfermedades

El hambre fue el gran enemigo de los campesinos medievales. Esto se debía, por un lado, a que gran parte de su cosecha iba a caer en manos del señor feudal, y por otro, a que las cosechas no eran abundantes y a la incapacidad de almacenarlas.
Por eso, los campesinos solían estar muy mal alimentados: la dieta campesina se basaba en el pan, legumbres, el vino y la cerveza. La carne se reservaba sólo para las grandes fiestas y el pescado se consumía muy pocas veces.
Debido a la mala alimentación, los campesinos eran presas fáciles de las epidemias como, por ejemplo, la viruela y el sarampión. Como en aquella época no existían muchos médicos ni medicinas, los enfermos morían con facilidad y la gente moría muy joven.

El ocio y las fiestas

Los únicos momentos en que los campesinos se olvidaban de sus penurias eran las épocas de fiesta. Las principales fiestas eran religiosas, y entre ellas destacaban la Navidad y la Pascua, fechas en la que se celebraban bellas procesiones.
También eran muy importantes los carnavales. En esa fecha, la gente se disfrazaba, cantaba y bailaba. Además, se realizaban fiestas para celebrar la cosecha y la matanza del ganado.
A veces llegaban a la aldea artistas ambulantes que recitaban poemas y realizaban juegos, malabares y números con animales.

Carnaval en la Edad Media

La expansión agrícola

Hacia fines del siglo XI, la producción agrícola comenzó a elevarse. Este fenómeno se debió en gran parte, a un calentamiento del clima, y a una menor humedad que propició las actividades agrícolas.
Además, se produjo una serie de importantes avances tecnológicos en el trabajo del campo, que contribuyeron a un aumento de los rendimientos. En el siglo XIII, el proceso de expansión agrícola llegó a su punto máximo.

Nuevas técnicas

Los adelantos técnicos buscaron aumentar las cosechas en las regiones que carecían de tierras vírgenes. Fueron tres las principales innovaciones que se hicieron en aquella época:

  • El empleo del arado de ruedas en lugar del arado romano, que no las tenía. La diferencia fundamental entre ambos instrumentos residía en la reja, que permitía el arado de ruedas no sólo abrir surcos sino, también, remover a tierra. Esta operación se facilitaba con el uso de la vertedera u orejera, que aireaba mejor el terreno.
  • La sustitución del buey por el caballo para arar los campos. Aunque el caballo era más caro y a veces incapaz de trabajar en terrenos difíciles como, por ejemplo, las regiones montañosas, este animal araba más de prisa y oreaba mejor el suelo.
  • La introducción de la rotación trienal, que consistía en alternar cultivos diferentes en cada una de las tres parcelas en las que se dividía un campo de cultivo: el primer año se sembraba trigo; el segundo año, otro cereal o leguminosa y el tercer año, se dejaba descansar el campo.

Al alternar los cultivos, los suelos no se agotaban. Este sistema reemplazó la rotación bienal, que consistía en la intercalación del descanso de un campo entre dos años de cosecha.

Herrerías y herramientas

Una innovación muy especial a fines del siglo XI fue la difusión de las herrerías en las aldeas: ello permitió a los aldeanos forjar sus propios instrumentos sin depender de los talleres del señor feudal. No obstante, su repercusión en las técnicas agrícolas fue muy limitada. Los instrumentos de hierro siguieron siendo muy caros. Por eso, solo los más ricos pudieron adquirirlos y, en general, se continuó trabajando con herramientas de madera. Detrás del arado, por ejemplo, los hombres deshacían los terrones con mazas de madera.

Más gente y nuevas tierras

Con el aumento de la producción agrícola, la alimentación mejoró y las hambrunas y las enfermedades disminuyeron. Entonces, la población aumentó.
El aumento de la población obligó a buscar nuevas tierras agrícolas. Entonces, comenzaron los grandes movimientos de roturación. Se cortaron muchos árboles y, de esta manera, los territorios boscosos se aprovecharon para la agricultura.
Además, se ganaron tierras secando pantanos o zonas cercanas al mar y construyendo redes de canales de drenaje, cuyo mantenimiento implicó una constante atención. Las roturaciones cambiaron los paisajes de Europa Occidental.
Como consecuencia del desarrollo de la agricultura hubo, también, excedentes en el campo. De esta manera, el comercio se revitalizó.
Asimismo, las roturaciones provocaron la fundación de nuevas aldeas a las que acudieron campesinos de tierras lejanas.

Cultivando nuevos terrenos

Cuando la población aumentó, fue necesario cultivar terrenos nuevos. Desde el siglo XI hasta el siglo XIII, la conquista de nuevas tierras fue uno de los fenómenos más importantes de la historia europea. El fuego, la tala y el arado hicieron retroceder los bosques hasta reducirlos, a veces, a manchones desperdigados que se debían defender de los cultivadores, pues se corría el riesgo de quedarse sin madera. También se ganaron, tierras a los pantanos y zonas costeras. Muchas de estas conquistas fueron obra de campesinos aislados. A estas empresas campesinas se sumaron las roturaciones dirigidas por los señores feudales, tanto laicos como religiosos, que establecieron en sus dominios leñadores y roturadores.

VIDA URBANA EN LA EDAD MEDIA[13]

La vida urbana en la Edad Media en Europa fue prácticamente inexistente. La mayoría de las ciudades romanas quedaron convertidas sólo en centros de administración eclesiástica y pasaron a formar parte del señorío territorial de un señor feudal, laico o religioso. Muy pocas personas vivían en ellas.
Sin embargo, a partir del siglo XII esta situación cambió. Como consecuencia del aumento demográfico, del desarrollo económico y de la necesidad de los mercaderes de establecerse en un lugar fijo, las ciudades recobraron su importancia.
Entonces, las viejas ciudades romanas o antiguos burgos volvieron a poblarse y a su lado, aparecieron nuevos burgos: de la fusión entre los antiguos y los nuevos burgos nació la ciudad medieval. A los pobladores de las ciudades medievales, se los llamó burgueses.
Este gran desarrollo urbano llegó a su máximo esplendor en el siglo XIII en el que algunas ciudades como, por ejemplo, París. Milán, Venecia y Florencia, alcanzaron los 100 000 habitantes.

El nacimiento de las ciudades, vida urbana en la Edad Media

Los diferentes estímulos

“Ciudades nacidas del despertar comercial, pero también del progreso agrícola del Occidente, que empezaba a alimentar mejor en víveres y en hombres a los centros urbanos. No queda otro recurso que atribuir el nacimiento y el progreso de las ciudades medievales a un complejo conjunto de estímulos y en particular, a grupos sociales diversos (…) Las regiones más fuertemente urbanizadas del Occidente medieval (…) son regiones a las que convergen grandes rutas comerciales: Italia del Norte (…); Alemania del Norte y Flandes (…). Pero esas regiones son al mismo tiempo, las que poseen las llanuras más ricas, las que disfrutan de los progresos más seguros de la rotación trienal, las que emplean con mayor extensión el arado y el caballo de labor.”
J. Le Goff, La civilización del Occidente medieval

La población urbana

Las ciudades medievales eran, en su mayoría, pequeñas: pocas superaban los 10 000 habitantes y no muchas tenían más de 5 000 habitantes. En las ciudades más pequeñas se concentraba y luego, se distribuía la producción agrícola de los alrededores. Las ciudades más grandes abarcaban un territorio mayor: servían a varias pequeñas, o a todo un país. Así, por ejemplo, Londres, con 40 000 habitantes hacia el siglo XIII, era el principal punto de confluencia de los productos ingleses, y el distribuidor de las importaciones que llegaban a Inglaterra procedentes de otros países.

Comerciante de la Edad Media

La ciudad medieval

Con el renacimiento comercial, las ciudades se convirtieron en centro de atracción de muchas personas de diferente condición social y económica.

Un lugar atractivo

Las ciudades medievales atrajeron a una enorme cantidad de mercaderes que se establecieron en ellas y que, con el tiempo, llegaron a dominarlas. La mayoría estaba situada cerca de un río, del mar o de un camino importante. Este hecho las convirtió en centros comerciales.
Las ciudades también se convirtieron en centros de atracción para los campesinos que buscaban mejores oportunidades. Algunos siervos llegaron a ellas huyendo de los señores feudales. Los campesinos libres lo hicieron atraídos por la creciente actividad artesanal y comercial.
Con ello, estos campesinos se convirtieron en artesanos. Ellos pasaron a ser la mano de obra de la industria destinada, por un lado, a satisfacer las necesidades de una población urbana cada vez mayor, y por otro, a generar artículos que pudieran ser comercializados fuera.
Por último, en algunos casos como, por ejemplo, en muchas ciudades del sur de Francia y en la mayoría de las ciudades italianas, los señores feudales abandonaron sus castillos para residir en las ciudades, dedicándose, también, al comercio.
Entonces, las ciudades se volvieron centros de consumo, de producción artesanal y, a la vez, de redistribución.

Pedraza de Segovia, ciudad medieval

Un aspecto particular

A pesar de que cada ciudad medieval tenía rasgos propios, la mayoría compartía ciertas características.
Eran recintos amurallados, lo que aseguraba su paz. Como los antiguos burgos también tenían murallas, fue muy frecuente que las ciudades tuviesen dos murallas: la antigua y la nueva. Sus puertas se cerraban en la noche y se abrían de nuevo en la mañana.
En su interior, las casas casi siempre tenían tres pisos: el primero, construido de piedra, servía de taller y de tienda; el segundo y el tercero, en cambio, se usaban como vivienda y eran de madera. El uso de este material en las viviendas ocasionaba frecuentes incendios en las ciudades.
Entre los edificios urbanos destacaban las iglesias, el palacio episcopal, y más tarde, el palacio comunal, que fue la sede administrativa de la ciudad. En el centro de la ciudad o cerca de una de sus puertas de acceso solía encontrarse la plaza del mercado, donde se desarrollaba la actividad comercial.
Las calles eran estrechas y por ello, oscuras. No había sistemas de alcantarillado por lo que las ciudades solían tener malos olores. La gente se abastecía de agua en pozos y canales.
Con el paso del tiempo, las ciudades perdieron sus murallas, los barrios se especializaron por el oficio de sus habitantes y comenzaron a crecer desordenadamente.

Industria y mercaderes

El renacimiento de la artesanía

EI atractivo que las ciudades medievales ejercieron sobre los campesinos la liberación del campo, a partir del siglo XII, cierta cantidad de mano de obra que trabajó en la industria urbana. En la Edad Media la industria no contaba con grandes maquinarias y su producción era limitada, es decir, era de tipo artesanal. Por eso. a los obreros se los llamó artesanos. Los artesanos medievales del siglo XII retornaron a las viejas técnicas olvidadas y aprendieron, a la vez de los artesanos del Islam y de Bizancio. A diferencia de Europa occidental, estas regiones contaron con una industria muy desarrollada a lo largo de toda la Edad Media.

Orfebreria en la Edad Media

Un fenómeno migratorio

“EI principal papel de la ciudad en la Baja Edad Media consistía en la atracción que ejercía el mundo exterior. La fuerza de esta atracción variaba en proporción directa con la importancia de la ciudad. El horizonte de las grandes ciudades era internacional, el de las pequeñas simplemente regional. Pero es importante hacer notar que la zona de atracción de la gran mayoría de las ciudades medievales se limitaba al territorio circundante (…) C.E Perrin al estudiar la ciudad de Metz en el siglo XIII calcula que la mayor parte de los inmigrantes que llegaban a ella procedían de distancias menores de 40 km: P. Wolff observó un fenómeno semejante en Toulouse.”
J. Le Goff, La civilización del Occidente medieval

Los mercaderes en las ciudades

EI poderío económico de los mercaderes estuvo estrechamente vinculado al desarrollo de las ciudades que fueron sus centros de negocios. En el siglo XIII, las ciudades estaban dominadas por ellos.
Los grandes mercaderes, a los que a veces se unieron los nobles, ocuparon los puestos de gobierno y constituyeron un patriciado urbano, que controló la vida municipal y que no encontró oposición violenta hasta la crisis del siglo XIV.
Este patriciado también monopolizó la dirección económica de las ciudades.

Mercader en la Edad Media

Burgueses y burguesía

El papel protagónico en el desarrollo de las ciudades lo tuvieron sus habitantes: los burgueses. Bajo este nombre pasó a designarse a todas aquellas personas cuya riqueza se basaba en el dinero y no en la tierra.
El enriquecerse con dinero y no dedicarse a actividades rurales, distinguió a los burgueses de los campesinos y de la nobleza feudal. Por eso formaron una nueva clase social: la burguesía.
La aparición de la burguesía rompió el rígido esquema de la sociedad feudal de órdenes. La mayoría de los burgueses no pertenecía a ninguno de los órdenes. Ellos eran mercaderes, y artesanos especializados en diversos trabajos: panaderos, herreros y carpinteros, entre otros oficios.

Libertades urbanas y burguesas

Algunas ciudades acogieron a los señores feudales. En esos casos, la nobleza invirtió su riqueza en el comercio, se dedicó personalmente a los negocios y acaparó los cargos políticos de la ciudad. De esta manera la nobleza se aburguesó.
En otras ciudades, en cambio, los mercaderes plebeyos acapararon el poder y, al hacerlo, buscaron liberarse del control que ejercía sobre ellos la nobleza. Sus ciudades estaban en las tierras de algún señor feudal. Para resolver este problema, algunos mercaderes optaron por aliarse a los nobles casándose con ellos o comprándoles sus títulos de nobleza. En esos casos fueron los burgueses los que se ennoblecieron.
Sin embargo, generalmente, los burgueses se libraron del dominio feudal emprendiendo sublevaciones y contratando mercenarios que forzaron a la nobleza a renunciar a sus derechos.
En otros casos, recurrieron al apoyo de los reyes, a quienes les interesaba doblegar a la nobleza.
A cambio de apoyo financiero, las ciudades recibieron de los monarcas cartas de libertades que las colocaban directamente bajo la autoridad real -sustrayéndolas del control de los señores-, las autorizaban a administrar justicia por sí mismas y otorgaban libertad personal a sus habitantes.
También obtuvieron de los monarcas el derecho de autogobernarse, lo que posibilitó la formación de gobiernos comunales, que recibieron diversos nombres: ayuntamiento, señorío o comuna. Los privilegios otorgados a las ciudades debilitaron los esquemas feudales.
La Iglesia no vio con buenos ojos el rápido ascenso de la burguesía. Sus ocupaciones encaminadas a acumular dinero fácil fueron consideradas por los clérigos síntomas de avaricia. Por eso, pasaron a formar parte de una lista de oficios deshonrosos. Por otro lado, los intereses que algunos mercaderes cobraban por sus préstamos fueron calificados de usura.
Con el tiempo, sin embargo, la Iglesia se volvió más tolerante con los burgueses, que eran muy religiosos, y convino en que eran necesarios para la sociedad.

Alcaldía medieval de Bamberg en Alemania

La crisis del orden feudal

Con el comercio y el lento cambio de una sociedad rural a una urbana, las relaciones sociales se transformaron y el sistema feudal entró en crisis. Como cada día la economía se orientaba más al dinero, la tierra comenzó a perder el valor que tenía dentro del régimen feudal. Entonces surgió una nueva noción de riqueza: la riqueza comercial, que consistía en dinero o en productos comercializables estimables en dinero.
Como la clase feudal fue muy conservadora, la mayoría quedó al margen de este desarrollo económico. Por otro lado, las libertades otorgadas a las ciudades mermaron, también, el sistema feudal.

La vida en la ciudad

Las ciudades medievales fueron muy activas. Al contrario de lo que sucedía en el campo, la división de tareas caracterizó la vida económica urbana y la vida cultural recobró importancia.

El trabajo y los gremios

Los habitantes de la ciudad se especializaban en un oficio y compraban en el mercado lo que no producían. Los artesanos de un mismo oficio y los comerciantes se agruparon en gremios.
Los gremios fijaban los procedimientos de fabricación, las normas laborales, las horas de trabajo y los salarios. También aseguraban la destreza en el oficio: se accedía al grado de oficial tras un aprendizaje de diez años, como mínimo, en el taller de un maestro.
Así, los productos eran semejantes en calidad y en precio. Nadie podía ejercer un oficio si no pertenecía al gremio respectivo. Los gremios eran muy poderosos y, frecuentemente, se enfrentaron con violencia por el control de la ciudad.

Construcción de una ciudad medieval

Las diferencias sociales

Al principio, había igualdad en la ciudad: la sociedad urbana contrastaba con la jerarquización feudal. Con el tiempo se acentuaron las diferencias entre ricos y pobres y nació el concepto de ciudadanía: para ser ciudadano y obtener las ventajas urbanas, había que tener recursos para pagar un impuesto especial a la comuna y poseer una casa en la ciudad.
Ciudadanos eran los más prósperos: los que se dedicaron a la industria textil, la más importante en la Edad Media, y los mercaderes de paños y objetos de lujo. En el nivel más bajo estaban los trabajadores marginados que no accedían a la ciudadanía y se excluían de los gremios.

La vida cultural

Como las actividades urbanas requerían nuevos conocimientos como, por ejemplo, llevar libros de cuentas, escribir cartas o redactar inventarios, los burgueses fundaron las primeras escuelas laicas. Así, la actividad intelectual dejó de ser exclusiva del clero.
También se fundaron las primeras universidades, que introdujeron al sistema antiguo de enseñanza estudios de leyes y de teología y otras disciplinas como, por ejemplo, la medicina.

Una nueva espiritualidad

Desde el punto de vista religioso, el contraste entre ricos y pobres provocó una necesidad de reforma. De esta manera surgieron en el siglo XIII las órdenes mendicantes: franciscanos y dominicos.
Ambas adoptaron una moral basada en la austeridad y se instalaron en las ciudades, relacionándose con sus problemas. Sus ocupaciones principales fueron la prédica y la enseñanza.

Más trabajo y nuevas aspiraciones

Las reglas del trabajo

“Nadie puede ser tejedor de lana si antes no ha comprado el oficio del Rey (…) cada uno puede tener en su mansión dos telares (…) y cada hijo de maestro tejedor puede tener dos en la casa de su padre mientras que esté soltero y si él sabe trabajar con sus manos. Cada maestro puede tener en su casa un aprendiz, no más (…) y nadie debe empezar a trabajar antes de levantar el sol, bajo pena de una multa de doce dineros para el maestro y seis para el oficial. Los oficiales deben cesar el trabajo desde que el primer toque de vísperas haya sonado, pero deben arreglar sus cosas después de estas vísperas.”
E. Boileau

San Francisco de Asís

Los miembros de la orden franciscana obedecían a la prédica de San Francisco, hijo de un rico mercader italiano de la ciudad de Asís, que en 1 206 había abandonado a los suyos renunciando a todos sus bienes. San Francisco, que llevaba una vida de pobreza y mendigaba para obtener el sustento diario, pronto tuvo muchos seguidores. Por eso. en 1210 el Papa Inocencio III aprobó su regla que exigía vivir de acuerdo con el principio de la pobreza evangélica. De esta manera nació la orden franciscana que se consagró por entero a la conquista espiritual de los hombres. En 1 228, dos años después de su muerte, Francisco de Asís fue canonizado por el Papa Gregorio IX.

San Francisco de Asís

EL COMERCIO EN LA EDAD MEDIA[14]

A partir del siglo XII, se dieron profundos cambios en Europa, el comercio en la Edad Media: la economía rural y cerrada, propia de la época feudal se transformó, gradualmente en una economía abierta y comercial.
Entonces, la industria, los mercados y el dinero recobraron importancia. Este renacimiento comercial, que llegó a su auge en el siglo XIII. se debió, fundamentalmente, a las siguientes causas:

  • Aumento de la producción agrícola, pues generó un excedente de productos que debieron ser vendidos fuera de su área.
  • La paz en Europa, que ofreció seguridad en los caminos y en los mares, luego de varios siglos de conflictos.
  • Aumento de la población debido a la disminución de las guerras y al mejoramiento de las condiciones alimentarias, que provocó la necesidad de satisfacer los requerimientos de más gente cada vez.
  • Las cruzadas, que abrieron nuevos caminos comerciales marítimos y terrestres y revitalizaron el comercio entre Oriente y Occidente.

La población y sus necesidades

El aumento demográfico

A pesar de las escasas fuentes que tenemos para calcular el volumen de la población en la Edad Media, se sabe, por aproximaciones basadas fundamentalmente en la extensión de los cultivos, que desde el siglo XII hubo un gran aumento demográfico en Europa. Los historiadores opinan que hacia el año 1 100 la población europea era de unos 48 millones de habitantes; hacia el 1 200 pasó a ser de 61 millones de habitantes y en el 1 300 superó los 73 millones. Este aumento demográfico, que exigió un mayor desarrollo económico, al mismo tiempo propició una mayor disponibilidad de mano de obra.

Aumento de la población en la Edad Media

Tres necesidades básicas

La actividad comercial e industrial de la Edad Media se destinó, principalmente, a satisfacer las necesidades básicas de la población: alimentación, vestido y vivienda. La industria de la alimentación fue la que más se desarrolló, pese a que la mayoría de los productores trabajaban en pequeño volumen y a que casi todo este comercio en la edad media se efectuaba en la corta distancia que mediaba entre el campo y la ciudad. Sin embargo, siempre hubo ciertos productos alimenticios que sólo podían obtenerse de lugares más lejanos, y algunas zonas, como por ejemplo Flandes y Noruega, se veían obligadas a importar incluso sus alimentos esenciales de lejos. Entre los productos alimenticios que más se comerciaron figuran los cereales, los productos lácteos, la sal y la cerveza.

Un nuevo personaje: el mercader

Mercader de la Edad Media

Al fortalecerse el comercio en la edad media, se formó en Europa una clase de comerciantes profesionales o mercaderes que, con su profesión, relegaron la actividad agraria a un papel secundario. Estos mercaderes crearon una mentalidad propia, muy particular.
La mayoría de los mercaderes era de origen rural: personas que se habían visto forzadas a abandonar el campo por el aumento de población y la falta de tierras, optando por un estilo de vida errante y azaroso. Entre esta masa de desarraigados y aventureros se formaron los primeros comerciantes.
Los primeros comerciantes sólo recorrían pequeñas distancias para vender sus productos, pues los caminos eran malos y los bandidos los asaltaban con frecuencia. Además, cada vez que cruzaban un feudo, el señor feudal los obligaba a pagar un impuesto o les confiscaba sus mercancías.
Estos comerciantes vendían sus productos al menudeo. Sus mercancías eran, principalmente, artículos de primera necesidad como, por ejemplo, sal, cerveza, miel, lana y cereales.
A finales del siglo XII en cambio, los mercaderes se volvieron errantes. Se trasladaban con sus mercaderías de lugar en lugar y vendían sus productos en ferias que se celebraban en fechas y lugares establecidos. Por eso se los llamó pies polvorientos.
Los pies polvorientos usaron animales de carga -en particular, caballos- para transportar sus mercancías. Otro vehículo muy utilizado por estos primeros comerciantes fue el carro de cuatro ruedas, tirado por caballos o por bueyes.
Para compensar las dificultades, los peligros y el costo del camino, los pies polvorientos vendieron no sólo productos de primera necesidad sino, también, productos de lujo como perfumes, especias y tintes que les dejaban un amplio margen de ganancias. También usaron las vías fluviales y las marítimas.
A partir del siglo XIV los mercaderes se volvieron sedentarios pues el volumen creciente de sus mercaderías dificultó su traslado de feria en feria. Entonces, comenzaron a establecerse en determinadas ciudades y comenzaron a vender al por mayor.

El comercio local

El primer tipo de el comercio en la edad media que cobró importancia en la Edad Media fue el comercio local, es decir, el que se efectuaba del campo a la ciudad. A través de este comercio, los campesinos libres y los señores feudales vendían sus excedentes a la ciudad: productos agrarios, madera, cuero y lana principalmente.
Luego, con las ganancias obtenidas con sus ventas, compraban en las urbes mercancías más elaboradas de las que no disponían en el campo como, por ejemplo, telas y herramientas.
El comercio local nunca desapareció. Sin embargo, fue el comercio a larga distancia o internacional el que caracterizó el renacimiento económico de la Edad Media.

Los Mercaderes y el campo

Una nueva clase social

Desde principios del siglo XII, la superpoblación, el hambre y las guerras habían bandeado a un número considerable de individuos, errantes, privados de todo, que pasaron a engrosar la multitud de mendigos o peregrinos ya existente. Entonces, algunos se dedicaron a pequeños negocios (…) Probaron una nueva suerte que nada tenía en común con las actividades tradicionales. Así pues, uno puede suponer que estos mercaderes crearon una mentalidad propia, muy particular. Esta gente, que hizo tabla rasa de sus antiguos vínculos, se lanzó a la aventura (…) buscando, ante todo, un rápido enriquecimiento. Los cronistas de la época hablan de advenedizos, de hombres sin fe y sin ley, sin escrúpulos, que por sus costumbres y modos difieren de los demás hombres.
J. Heers. Historia de la Edad Media

Comerciante de la Edad Media

Del campo a la ciudad

La mayoría de las ciudades medievales del siglo XII eran pequeños centros donde los habitantes del campo circundante ofrecían un excedente de su producción a cambio de objetos elaborados en la ciudad como, por ejemplo, zapatos, o de artículos que llegaban a ella procedentes de otras regiones. Las ciudades reunían el excedente de su propia zona y lo pasaban a otras regiones y, al mismo tiempo, recibían parte del excedente de otras regiones y lo distribuían en su territorio. Para concentrar estos movimientos de compra-venta, las ciudades organizaron ferias que se celebraban una vez a la semana.

El comercio internacional y sus centros

El renacimiento del comercio en la edad media se dejó sentir en toda Europa, pero hubo dos grandes focos donde éste se concentró: Italia del Norte y Flandes. Ambas eran zonas muy pobladas que se dedicaban a la manufactura de tejidos, de objetos de metal y de cerámica.

Italia

Italia se benefició del comercio internacional, pues estaba al centro de una antigua red vial romana y al medio del Mediterráneo. Por ello, y como consecuencia de las cruzadas, sus ciudades controlaron el comercio con Oriente. Los puertos más beneficiados con ello fueron Venecia, Génova y Pisa.
A través del Mediterráneo, Italia vendía a Oriente productos propios y artículos traídos del norte de Europa. De Oriente, los comerciantes italianos llevaban a Europa especias, sedas y perfumes.

Flandes

Otra zona comercial que gozaba de una situación estratégica era Flandes que se hallaba frente al mar del Norte y en la que desembocaban varios ríos europeos, como el Rin y el Mosna.
La región de Flandes perteneció a una importante liga comercial, la liga Hanseática, que comerciantes alemanes habían organizado con las ciudades de Hamburgo, Lübeck. Rostock y Stettin a la cabeza. Esta liga monopolizó las exportaciones del norte de Europa, desde Novgorod en la actual Rusia, hasta Londres.
De esta manera la liga Hanseática consolidó un importante tráfico de trigo, madera y pieles que, en Flandes, se reunía en la ciudad de Brujas, que fue su principal puerto de almacenaje y redistribución.
Flandes exportaba los productos de estas regiones al resto de Europa a cambio de artículos de Europa del centro y del sur y de objetos de Oriente. Exportaba, también, sus propios tejidos.

Rutas y transportes

Para comerciar a larga distancia, los comerciantes medievales contaron con tres rutas: las vías terrestres, las fluviales y las marítimas. Aunque el transporte terrestre permitía alcanzar zonas del interior sin ríos, fue siempre el más caro y penoso, pues los caminos eran malos e inseguros y se debía pagar gran cantidad de impuestos.
Por seguridad, los mercaderes preferían el transporte fluvial. Las redes fluviales más importantes fueron las del río Po, el Ródano, el enrejado de ríos de la zona de Flandes. el Rin y el Danubio. Sin embargo, el medio fluvial también estaba sujeto a impuestos.
El medio de transporte más barato fue el marítimo, por eso fue el preferido a pesar de los riesgos de naufragio y de piratería, de la poca capacidad de las naves y de la lentitud del viaje. Además, un solo barco podía llevar las cargas de varios comerciantes a la vez.

Rutas Comerciales de la Edad Media

Organizaciones comerciales en el comercio en la Edad Media

La liga Hanseática

En los mares del norte, comerciantes alemanes organizaron una red de casas comerciales que compraban y vendían productos desde Inglaterra hasta Rusia. Esta red comercial conformó una corporación, la liga Hanseática, cuya sede se hallaba en Lübeck. La liga llegó a incluir 200 ciudades. Las naves hanseáticas transportaban una gran variedad de artículos: miel y pieles de Rusia, pescado de Escandinavia y lana de Inglaterra, entre otros productos más.

Las ferias

La actividad comercial se impuso en toda Europa en el transcurso del siglo XIII. Dentro de un ambiente de plenitud económica, alcanzaron gran importancia las ferias, grandes mercados situados en zonas de contacto entre el comercio mediterráneo y el nórdico, a las que acudían mercaderes de todos los lugares de Europa.
Las ferias no eran mercados permanentes, pues sólo se realizaban en ciertos períodos del año. Su celebración duraba varios días. A estas citas comerciales acudían, también, titiriteros y juglares, que añadían a la celebración un carácter festivo.
De todas las ferias que se celebraban en la Edad Media, las que alcanzaron mayor renombre fueron las ferias de Champaña, que se instalaban en la llanura francesa de ese nombre, a medio camino entre Venecia y Brujas. Las ferias de Champaña eran, por lo tanto, lugares de encuentro entre los comerciantes flamencos e italianos.

Ferias Comerciales y Ligas Europeas de Comercio

Otros instrumentos del comercio en la Edad Media

Paralelamente al desarrollo comercial a larga distancia, se produjo un desarrollo monetario a través del cual la acuñación y la circulación monetaria aumentaron.
Las primeras monedas que cobraron un valor internacional y que, por lo tanto, tenían vigencia en varios países, se hicieron a fines del siglo XII en Venecia: los matapanes de plata. Después, Francia, Flandes e Inglaterra acuñaron, también, monedas internacionales de plata.
La acuñación de oro en cambio, fue propia del siglo XIII. A partir de entonces, la mayoría de los países europeos adoptó el bimetalismo monetario: el uso de monedas de plata y de oro.
Para agilizar las transacciones comerciales se formaron los primeros bancos y aparecieron los banqueros, que se especializaron en reconocer las diferentes monedas, su peso y sus equivalencias.
Con el tiempo, los banqueros se volvieron prestamistas que cobraban intereses por los préstamos que realizaban, aceptaban velar por los ahorros, abrían libros de cuenta y efectuaban transferencias monetarias para sus clientes.
Puesto que viajar con grandes sumas de dinero era muy incómodo como peligroso, la mayor parte del comercio comenzó a realizarse en forma de transacciones a crédito.
También se utilizaron las letras de cambio: un acuerdo entre un prestamista y su deudor en el que el dinero prestado podía devolverse un tiempo después en un lugar diferente al del préstamo y en otra moneda diferente a la prestada.
De esta manera, un mercader italiano que quisiese comprar, por ejemplo, tejidos en Flandes, podía pedir una letra de cambio en esa región y comprar lo necesario y un tiempo después, pagarlo en Italia. Las letras de cambio eran empleadas no sólo por comerciantes sino, también, por otros viajeros, con el mismo fin que los modernos cheques de viaje.

Ferias y bancos

Las ferias de Champaña

Aunque las ferias se celebraron en todos los países europeos, en los siglos XII y XIII todas quedaron relegadas por las ferias de Champaña: seis ferias que se celebraban a lo largo de todo el año una vez en la aldea de Lagny, otra en Bar-sur-Aube, dos veces en Provins y tres en Troyes. Estas ferias destacaron sobre todas las demás porque los condes de Champaña las protegieron liberando de impuestos a los comerciantes que acudían a ellas. Sobresalieron, también, por su situación geográfica, que las convirtió en el principal lugar de encuentro de los mercaderes. Por eso, en aquella época, la meta más importante de cualquier comerciante eran las ferias de Champaña. Las ferias decayeron en el siglo XIV. cuando los comerciantes se volvieron sedentarios.

La aparición de los bancos

AI principio, los mercaderes portaban consigo el dinero. Con el tiempo, las operaciones comerciales se volvieron difíciles a causa de la diversidad de monedas y de valores existentes. Para efectuar cambios de dinero y agilizar las transacciones, aparecieron los primeros cambistas, que ubicaban delante de su tienda un banco, sobre el que colocaban las diferentes monedas. Otro instrumento importante para su actividad era la balanza: el peso de las monedas permitía establecer la cantidad de metal precioso que contenían y, con ello, fijar su valor. Muy pronto los cambistas recibieron los ahorros de la gente y los invirtieron en empresas lucrativas y en préstamos. De esta manera nacieron los bancos.

Banquero de la Edad Media

REFERENCIAS

Borisov, E. F., & Zhamin, V. A. (2009). Diccionario de Economía Política. (L. H. Juárez, Ed.) Nueva Guatemala de la Asunción, Guatemala, Guatemala: Tratados y Manuales Grijalbo.

Historia Universal. (2020). El Comercio en la Edad Media. Obtenido de Mi Historia Universal: https://mihistoriauniversal.com/edad-media/el-comercio-en-la-edad-media

Historia Universal. (2020). La Agricultura en la Edad Media. Obtenido de Mi Historia Universal: https://mihistoriauniversal.com/edad-media/la-agricultura-en-la-edad-media/

Historia Universal. (2020). Vida Urbana en la Edad Media. Obtenido de Mi Historia Universal: https://mihistoriauniversal.com/edad-media/vida-urbana-en-la-edad-media/

Luján, I. (15 de Abril de 2016). Feudalismo como eje central de la Edad Media. Obtenido de Máster Universitario en Historia de la Formación del Mundo Occidental | Universitat de València: https://www.uv.es/uvweb/master-historia-formacion-mundo-occidental/es/blog/feudalismo-eje-central-edad-media-1285960141137/GasetaRecerca.html?id=1285963664607

Rosental, M. M., & Iudin, P. F. (1971). DICCIONARIO FILOSÓFICO. San Salvador: Tecolut.

Rosental, M., & Iudin, P. (1959). Diccionario filosófico abreviado. Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos.


[1] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 107).

[2] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 213).

[3] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 163).

[4] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 104).

[5] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 250).

[6] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 199).

[7] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 166).

[8] (Borisov & Zhamin, 2009, pág. 5).

[9] (Rosental & Iudin, 1959, págs. 186-187).

[10] (Rosental & Iudin, 1971, págs. 172-173).

[11] Fuente: (Luján, 2016).

[12] (Historia Universal, 2020).

[13] (Historia Universal, 2020).

[14] (Historia Universal, 2020).